| Un viaje con mucho de rock y poco de cine...
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3000 millas al infierno (3000 miles to Graceland – EEUU / 2001 – 124 min) Dirección: Demian Lichtenstein.
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Es la semana internacional dedicada a Elvis en Las
Vegas. La ciudad será invadida por cientos de fanáticos del Rey del Rock;
entre ellos se mezclarán cinco hombres con armas en los estuches de sus
guitarras. Se trata del crimen perfecto, ideado por un ex convicto,
Michael (Kurt Russel) y su compañero de prisión, Murphy (Kevin Costner).
Disfrazados de Elvis, roban $3.2 millones, abandonando el hotel en ruinas
en un dramático escape en helicóptero. Murphy intenta traicionar a sus
compañeros, asesinándolos uno por uno para conservar la mayor parte del
dinero y lavarlo como dinero legal. Michael, quien logra sobrevivir, ya
había trabado relación con Cybil (Courtney Cox),
una hermosa chica de pueblo con grandes esperanzas para su futuro, quien
lo acompañará en su viaje a través del país huyendo de la justicia.
Sin embargo, los cinco años compartidos con Murphy hicieron que ambos
pudiesen predecir sus movimientos, iniciando un juego de persecución que
los pondrá a prueba en un explosivo final. 3000 millas al infierno es un film irregular pero entretenido. Durante más de dos horas el director nos arroja escenas absurdas, actuaciones exageradísimas, rápida edición, estridente música, es decir, todos los ingredientes de los films de acción contemporáneos. Kurt Russell y Kevin Costner, como los desalmados líderes de la banda, se dan el gusto tratando de parecer uno más malo que el otro, aunque el desafío real sea más que nada para Costner, quien se suma a lista de actores que "optaron" por cambiar su imagen habitual. Courtney Cox como la manipuladora mujer que se encariña con el personaje de Kurt Russell tiene la mejor actuación del film. Nunca se sabe cuál es su motivación real, o a quién es leal. Incluso el niño David Kaye, como el hijo de Cox, no sale tan mal parado. Su personaje de niño precoz es desde luego odioso, pero el joven actor se las arregla para por lo menos prestar tanta credibilidad al papel como Russell o Costner. Si eso es un elogio o un insulto, está por verse.Aunque es destacable la falta de exceso y exhuberancia, podríamos llegar a pensar que 3000 millas al infierno se convierta a largo plazo en un film de culto, justificación que permitiría reunir a su audiencia ideal. Cada quien sabrá si esto es una irresistible invitación o una imperativa advertencia. Sergio Dobosz
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