Kairo (1999 – de Kiyoshi Kurosawa)

Premio de la Crítica José Luis Guarner – Sitges 2001 – España:
Por su tratamiento innovador de una clásica historia de fantasmas

 

 

 

 

 



El dato: En Japón, el resurgimiento de las películas de terror se le atribuye al éxito extraordinario de Ringu (1998 - Hideo Nakata). Cuestión similar sucedió en los EEUU, donde gracias al fenómeno The Ring -remake de Ringu- la productora Miramax adquirió lo derechos de Kairo; Wes Craven será el responsable del proyecto.

La historia: Michi, una muchacha joven que trabaja en una tienda del botánico, descubre el cuerpo sin vida de uno de sus compañeros de trabajo, y que sale de una enorme marca negra de donde fue encontrado. Después de ese incidente, los amigos cercanos de Michi comienzan a actuar extraño y más desapariciones y muertes comienzan a aparecer en Tokio. Todos los cuerpos encontrados también salen de una marca negra, coincidente con el caso del compañero de Michi. Mientras tanto Kawashima,  un estudiante joven de la universidad, empieza a recibir mensajes desde una Web site invitándolo a conocer fantasmas. ¿El extraño site tiene conexión con todos los acontecimientos? Poco se explica y demasiadas preguntas quedan por responder en esta historia de fantasmas, cuya influencia de films como Sexto Sentido y La Noche de los Muertos Vivientes es indudable, aunque el terror acá está llevado mucho más lejos…

El comentario: es interesante pensar cuál es el significado del género del terror en la historia del cine. Es  tan antiguo como el cine mismo. La primera proyección pública de una película, El arribo del tren (1895 - los hermanos Lumiere), reflejó una sola emoción en los corazones de sus audiencias: miedo. Puede que sea difícil pensar en esa diminuta experiencia fílmica como una película de terror, respecto de los estándares de hoy, pero hizo exactamente lo que género predica: asustar a la audiencia. Esta es la definición del terror en su forma más pura, una que se ha convertido en abuso a través del tiempo, en manos de talentos inferiores y de empresarios desmedidos en su afán de lucro. Inicialmente los films clase B de las décadas del 50 y 60 dieron vuelta al terror en una acción con cierto grado de credulidad; la herencia de los 70s y 80s, con su representación cada vez más gráfica de la violencia, agregó la noción de que el terror se centraba en la sangre y en los desmembramientos, derivando en lo que hoy se conoce con el término de Horror, y que se suele confundir con aquel otro.

Y el más viejo género cinematográfico ha venido a alcanzar su posición al tope de la escala de la respetabilidad por un puñado minúsculo de directores de la perseverancia; uno de ellos es Kiyoshi Kurosawa, un hombre que sabe no sólamente lo que implica el término “Cine de Terror”, sino que posee el talento para poner ese miedo en la pantalla en su forma más pura.

Kairo es prueba adicional de las capacidades de Kurosawa. La historia de una sucesión de suicidios de jóvenes usuarios de Internet se convierte en un tratado sobre la soledad adolescente contemporánea, del aislamiento y la incomunicación. Sin embargo las computadoras y la tecnología forman el punto central de la historia, claramente de la tecnofobia manifestada en trabajos relacionados, tales como War Games (1983 - John Badham), The lawnmower man (1992 - Brett Leonard) o Ghost in the machine (1993 - Rachel Talalay). El terror no se manifiesta en la amenaza de una tecnología todopoderosa capaz de asumir el control con fines destructivos, sino en sus mismas implicancias comunicativas dentro de las sociedades actuales (ya sea Internet o telefonía celular).

Kurosawa acentúa su opinión triste fijando la historia en una Tokio solitaria, fría y desmantelada. Sus interiores se llenan de sombras que podrían ocultar las cosas más terribles; donde hay luz, existe un brillo artificial, como si el sol hubiera dejado de enviar su calor confortante. Su visión de calles abandonadas por completo, de los edificios ardientes y de los cuerpos muertos no intenta reflejar un apocalípsis verdadero, sino un símbolo de la soledad deshumanizada. Cuestión más que interesante es la manera en la que el director emplea fondos como parte de las acciones en pantalla. El diseño de iluminación es inmediatamente llamativo, eficaz y engañosamente simple; rara vez Kurosawa hace uso de la lente estrecha, empleada tan a menudo en las películas americanas, que guardan fondos desenfocados y aíslan al personaje de su ambiente. En Kairo, el personaje y el ambiente son inseparables, puesto que los caracteres son definidos por sus alrededores. La significación de estos últimos va más allá de un simple fin decorativo, a tal punto de convertir al ambiente en otro ser más dentro del film, respirando, moviéndose y viviendo, tan imprevisible como cualquiera de los caracteres humanos en la pantalla.

Kairo es probablemente la mejor película psicológica de horror desde Ringu. Ambas parten del mismo concepto pero siguen siendo totalmente distintas. Lejos de ser una fantasía inocente y más que apenas una novela de suspenso, este trabajo de Kurosawa tiene mucho que ofrecer a la extensa lista de historias de fantasmas.

Sergio Dobosz