Tan lejos, tan cerca

Antes del atardecer

(Before sunset – EEUU / 2004 – 80min)

Dirección: Richard Linklater

Intérpretes: Ethan Hawcke, Julie Delpy

 

 

 

 

 

 

 

Antes del amanecer había significado, para quienes amamos el cine y aborrecemos las historias de amor convencionales, una bocanada de aire purificador frente al viciado cine industrial hollywoodense de la década anterior.

Por ese entonces, su realizador Richard Linklater se arriesgaba con una película dialogada, intimista, por momentos maravillosa y por otros cínica, que cruzaba azarosamente a un hombre joven, el escéptico Jesse, y a una mujer soñadora pero perspicaz, la inolvidable Celine, en un paseo de 24 horas por la ciudad de Viena. Igual a lo ocurrido con esos filmes donde se desea que jamás terminen, como aquel vals soñado con la mujer de nuestras vidas, con la obra de Linklater era probable imaginar cómo podría haber continuado la relación de Jesse y Celine si la despedida y la promesa de un reencuentro en el mismo lugar se hubiera concretado. Tras un extenso intervalo de nueve años, con mucho cine a cuestas para Linklater, Jesse y Celine vuelven a verse las caras.

Quizás por casualidad o no, Antes del atardecer transcurre en  Francia, cuna del cine intimista de Eric Rohmer y sus entrañables criaturas que vagan por la vida en busca de su otra mitad; o de Francois Truffaut, inmortalizado hoy en su personaje, mitad alter ego, mitad creación pura: el enamoradizo Antoine Doinel, un personaje que acompañó al realizador francés por más de 20 años, como seguro sucederá con Jesse y Celine en el universo de Linklater.

Nueve años transcurrieron desde aquel encuentro en Viena con final incierto. Jesse (Ethan Hawk) decidió mantener el recuerdo vivo en su novela y cuando le preguntan, en el ambiente cordial de una modesta librería parisina donde presenta su libro, si la mujer de su novela existió, confiesa que sí. La sorpresa para él y para el espectador se aproxima al reconocer, entre los potenciales interesados, a Celine (Julie Delpy) y en ella la posibilidad concreta de agregarle un "continuará" a la historia. Quedan unas horas para que Jesse vuelva a tomarse el avión, tiempo suficiente para compartir un paseo a orillas del Sena o a pie por las calles aledañas  donde las reflexiones, silencios, reproches, inseguridades y balances de vida caminarán junto a ellos. Otro acompañante invisible es la cámara de Linklater, presente durante los 80 minutos de tiempo real que dura la película.

Sin atosigar, en un rol contemplativo y cómplice de la eternidad que descansa en la sonrisa de Celine o en la mirada atónita de Jesse al escucharla entonar el vals que ella compuso  para recordarlo, Linklater sorprende, emociona y cautiva por su sencillez. Ahora bien, ningún logro hubiese sido posible de no haber contado con la inestimable colaboración, tanto a nivel actoral como en el armado del guión, de Ethan Hawke y Julie Delpy, responsables de la profundidad y madurez de sus personajes y de la química necesaria para trascender la pantalla (condición inexcusable para que una comedia romántica funcione).

Existe un axioma conocido y cruelmente verdadero del cine que advierte que "segundas partes nunca superan a las primeras". Por suerte, de vez en cuando surgen obras de esta calidad y sensibilidad, capaces de resistir el paso del tiempo y que confirman la excepción a la regla, reavivando la magia del cine.

Pablo E. Arahuete