BAFICI 10

Crónica de una fiesta anunciada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



¿Cómo condensar en una nota un largo itinerario que comenzó en la temprana mañana del martes 8 de abril, apenas soleada y calurosa, siguió en intensas jornadas de cine, escarcha en los ojos, frío y nubes de humo “carpenterianas”, para culminar en una noche estrellada y sin niebla el domingo 20? Haremos el intento en este caótico viaje de la memoria parcializada; de las impresiones acurrucadas en el pliegue de un papel o simplemente en un repaso de subjetividad, angustia, expectativa, regocijo, tedio, cansancio, inquietud y voracidad cinéfila que nos caracteriza. Eso es lo que quedó de este viaje sin rumbo, de caminos que se cruzan en direcciones contrapuestas. Algo así como un caos ordenado por la emoción y la incerteza; por la sensación de llegar tarde a algo que todavía no empieza pero que se percibe importante; que se huele interesante, atractivo, único, pero que por esas cosas se evapora entre los ojos cuando la vista dice hasta acá…

Un festival es eso: una acumulación de películas y rostros, con gente de todas partes. Un sinfín de ojos irritados que marchan de sala en sala como zombies, con el anhelo de convertirse -aunque más no sea por unos segundos- en descubridores de algo novedoso. Y el BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) conjuga esa alquimia entre lo que se ve y lo que se niega a ser mirado como un fantasma que juega a las escondidas entre las butacas de un cine o que se inmortaliza en una imagen en la pantalla. Y allí está el espectador devenido descubridor o simplemente testigo mudo de algo irrepetible.

La particularidad de tratarse del décimo implicaba, entre otras cosas, enormes expectativas y riesgos que día a día fueron superándose. Los conquistadores, armados de una grilla de programación lo suficientemente amenazante y tentadora, coparon los pasillos  y rincones de los sitios que dieron cita a todo tipo de propuestas, diversidad de estilos, discursos, texturas y formas de ver el cine. No sólo de verlo, sino también de pensarlo, sentirlo, reflexionarlo, cuestionarlo, desafiarlo, y, en definitiva, celebrarlo. Cualquier excusa fue válida: desde los documentales más extraños al cine experimental y anti-narrativo, como así también de las ficciones más remotas y nada convencionales en cuanto a estructura, ritmo y tiempo.

El BAFICI también supuso una nueva chance para el cine argentino; para ese cine que continúa sorprendiendo -a más de uno- por su capacidad de reinventarse frente a lo establecido pero auto-conciente de sus limitaciones en materia de distribución y llegada a un público bastante distante y poco paciente.

A continuación, esto es lo que nos dejó la décima edición del BAFICI: una considerable cantidad de películas ordenadas por la prisa y la satisfacción de haber recorrido un largo camino, donde prevaleció la búsqueda sobre la meta y la calidad sobre la cantidad.

 

COMPETENCIA SELECCIÓN OFICIAL INTERNACIONAL

Los Paranoicos (Argentina/2008/98 min.): Esta ópera prima del realizador Gabriel Medina tiene la particularidad de contar con Daniel Hendler en un rol bastante diferente a los que nos tiene acostumbrados. En este caso, el actor fetiche de Daniel Burman interpreta a Luciano Gauna, quien se entera que se ha convertido en un personaje de una serie televisiva escrita y producida por un amigo radicado en España. Este amigo regresa a Buenos Aires con el fin de vender los derechos de la serie, pero en ningún momento le informa a Gauna  que uno de los protagonistas está inspirado en él. Quien si lo hace es su novia Sofía. Gauna comienza a sentir cierta atracción por ella y un leve sentimiento de revancha, aunque su cobardía característica no le permite dar el último paso con ella, como así tampoco terminar de escribir un guión al cual no le encuentra un sentido ni un final. Con buenas actuaciones y un sentido del humor muy particular, el opus de Medina aborda de una manera poco frecuente una comedia romántica, atravesada por el vacío existencial y la inercia de algunos de sus personajes. Daniel Hendler y Jazmín Stuart demuestran que pueden salir de los clichés televisivos en un abrir y cerrar de ojos. Euforia, desazón y frescura hacen de Los Paranoicos un film difícil de olvidar.

S.O.S. ex  (Argentina/2008/80min.): Andrés Tambornino co-dirigió en el 2001 junto a Rodrigo Moreno y Ulises Rosell El descanso. En esta oportunidad su esperado debut se sustenta en dos aspectos centrales: la audacia de sostener una historia que marca el reencuentro de dos ex parejas a bordo de un velero, y por otra parte la premisa de conducir el relato sin un rumbo específico como si se tratara “de un ir a la deriva” a propósito. En esa supuesta pérdida de dirección que atraviesa la trama descansa lo mejor de esta ópera prima, su naturalidad, pero sobre todo su impredictibilidad. Buenas dosis de humor, actuaciones justas de Ana Celentano, Camila Toker, Pablo Ribba y la revelación el chino Chang-Sung-Kim, quien aporta frescura y una personalidad increíbles. Promisorio debut para un director que sabe lo que quiere y asume los riesgos para decirlo.

Una semana solos (Argentina/2008/109 min.): El segundo opus de la entrerriana Celina Murga se sumerge de forma sensible y atenta en el mundo de un grupo de niños de clase media alta, habitantes de un barrio privado que quedan al cuidado de una empleada doméstica sin la presencia de sus padres. En ese mundo de reglas y un control demasiado opresivo reina precisamente todo lo contrario: el descontrol, el desenfreno y la falta de límites. La cámara de Murga se encarga de traslucirlo en cada plano sin asediar a sus personajes, la mayoría de ellos actores desconocidos, que se desenvuelven como si la directora no estuviese presente, entre la ternura y la brutalidad, entre las diferencias sociales, la crueldad, la ingenuidad pero sin perderse de vista un segundo que simplemente son chicos. Con este film, Murga desarma un mito que reza que con animales y con chicos no se puede hacer cine por lo difícil que supone dirigirlos. Este es un ejemplo que cuando detrás de las cámaras hay una directora con mayúsculas los resultados quedan a la vista. 

Up the Yangtze (Canadá/2007/93min.): Mezcla de documental y ficción, el realizador Chang- Yung se interna en un viaje por el río Yangtze a bordo de un crucero turístico que lo atraviesa antes de que se produzca la inundación, producto de la construcción de una de las represas más importantes del mundo. Las secuelas de este emprendimiento arrojaron como resultado el desalojo de las familias más humildes, la mayoría de ellas dedicadas al campo, quienes a medida que el río iba creciendo ponían en peligro sus vidas y se vieron obligadas a un éxodo. De las miles de historias que se llevó el agua, el realizador canadiense optó por marcar el contraste entre dos familias: la familia Yu, cuya hija mayor debe abandonar la escuela para obtener un trabajo en el crucero como lavaplatos y la del joven ambicioso Chen Bo Yu, cuyo único deseo es triunfar económicamente y ganarse la buena propina de los turistas. Con un tono melancólico pero no nostálgico, síntesis narrativa y belleza visual, la obra de Chang – Yung opera sobre la realidad y la transforma en algo majestuoso.

El cielo, la tierra, y la lluvia (Chile/Alemania/Francia/2008/110min.): Recientemente competidora del festival de Rótterdam, este es el primer largometraje de ficción del chileno José Luis Torres Leiva. Cuatro personajes atravesados por la naturaleza, por la hostilidad de un paisaje rural angustiante y coronado por un cielo plomizo de nubes asfixiantes. Son seres desencantados que padecen la metamorfosis de la descomposición humana cuando los deseos no pueden concretarse, y separarse del entorno se vuelve una misión imposible. Torres Leiva consigue con gran austeridad un retrato despojado de todo sentimentalismo y ternura, donde prevalecen la incomodidad y la distancia pero al mismo tiempo en el que reina la calma perturbadora de lo que no cambia: el cielo, la tierra y la lluvia. Dramática, penetrante e inquietante como la naturaleza misma.

Night train (China/2007/94min.): Prolífico escritor de obras de teatro, televisión y cine, además de guionista, el chino Diao Yinan plantea en su segundo largometraje de ficción una historia sobre la culpa y la expiación, sumida en una atmósfera fría, parca y desafectada como la que caracteriza a sus dos protagonistas. Ella es treintañera y recurre a los servicios de una agencia de solos y solas para encontrar una pareja que la aleje del hastío y de la horrible rutina diaria de un trabajo poco feliz: es la encargada de presidir los fusilamientos de las mujeres que reciben condena por algún delito, dado que en China aún existe la pena de muerte. Del otro lado, aparece él, también solo pero con la particularidad de ser un asesino. Un encuentro entre víctima y victimario, donde el deseo y la culpa juegan todas sus cartas sobre la mesa, se va desarrollando en una trama que dilata intencionalmente cualquier resolución posible. Y esa demora conciente que se aparta de cualquier convencionalismo resulta tan perturbadora como fascinante en una historia, que lejos de adoptar una mirada complaciente, destila pesimismo y desencanto pero con gran belleza visual.

Ballast (EE.UU./2008/96 min.): Reciente ganador del Festival de Sundance, el debutante Lance Hammer se inserta en el sur profundo de EE.UU. en una historia que sucede a orillas del Mississippi. Si bien resulta un tanto sobrevaluada, esta película cuenta con la particularidad de sostener el punto de vista de un pre-adolescente, cuyo padre acaba de suicidarse pero de quien hace mucho tiempo no tenía contacto. Esa ausencia, sumada a la mínima relación que tiene con su madre, lo deja a la deriva entre las malas influencias, la delincuencia y un círculo vicioso que nunca podrá terminar de cerrarse. Hammer consigue captar con pocos recursos la atmósfera mustia y la desolación -tanto interior como exterior- en que el paisaje se funde con la desdicha pero sin profundizar demasiado en la historia como tampoco en sus personajes. Si bien no apura ninguna resolución ni cae en convencionalismos tampoco supera las expectativas que puede generar con un inicio contundente y un desarrollo pausado, que poco a poco va perdiendo intensidad.

Profit motive and whispering wind (EE.UU./2007/58min.): Este documental de John Gianvito, su segundo trabajo como realizador ya que es crítico cinematográfico, es quizás una de las películas más políticas y críticas sobre los EE.UU. y cuenta con la particularidad de no bajar línea ni apelar a la retórica panfletaria. Entre tantas singularidades, la idea central del film es contar la historia de Estados Unidos de Norteamérica, la no oficial, a partir de un recorrido por lápidas, mausoleos y monumentos conmemorativos. Desde las tumbas, rodeadas por el silencio y la naturaleza, se pueden leer los nombres y las citas de sindicalistas, mujeres que lucharon por sus derechos,  escritores, pensadores, que la historia con mayúsculas parece haber querido sepultar con el tiempo. Además, el recuento de numerosos acontecimientos históricos, a lo largo de cuatro siglos,  que evocan batallas por los derechos de los trabajadores o masacres de los indígenas sumergen al espectador  en un viaje atravesado de poesía, sencillez narrativa y la fuerza de las imágenes. Gianvito muestra que se puede hacer cine político sin una sola palabra declamatoria ni demagogia a lo Michael Moore.    

Correction (Grecia/2008/83 min.): El comienzo del film de Thanos Anastopoulos recuerda a Un oso rojo de Caetano: el protagonista recién salido de la cárcel busca reinsertarse socialmente, como así también purgar cierta deuda moral con una mujer y una niña. Podrían ser su mujer y su hija o no necesariamente, pero lo cierto es que salir de la cárcel a veces significa entrar en otra. Con enorme fuerza, rigor y austeridad, el director griego describe una situación social con sus aristas dramáticas, sin eufemismos, pero por sobre todas las cosas sin finales redentores y mucho menos grandilocuentes. En el submundo de Correction no sólo conviven los conflictos internos del personaje, sino que subyace permanentemente un entorno hostil, que lo segrega, lo somete y lo descarta con la misma fuerza con que cada uno de los personajes procura insertarse en él.

Mange, ceci est mon corps (Francia/Haití/2007/105min.): Simbólica, onírica, críptica, y excesivamente larga, esta experiencia cinematográfica digitada por Michelange Quay representa artísticamente los conflictos socio-políticos de Haití. El colonialismo, la brecha socio-cultural, la hambruna acechante, la rivalidad entre blancos y negros, como así también las injusticias sociales, aparecen metafóricamente en una serie de viñetas donde prevalecen la belleza visual y el valor expresivo del cine, aunque a veces se torna demasiado ampulosa y alegórica.

Those  threes (Irán/2007/80min.): Una rareza del llamado cine Iraní. La ópera prima de Naghi Nemati no tiene por protagonistas ni a niños que pierden objetos, ni a mujeres que luchan por ser tratadas de mejor manera. Aquí, los que se pierden son tres soldados desertores de la conscripción, a merced de un desierto helado. Con los diálogos justos y un extremado recurso minimalista en la puesta en escena, Nemati -que pasó con su equipo rodando durante dos años en el desierto- transmite la experiencia y la angustia de vivir en ese lugar sin ningún otro recurso que la resistencia física y la voluntad, donde la tragedia se hace cada vez más aliada de lo inevitable. La belleza pictórica de cada plano en que prevalece una gran porción de blanco y apenas unas manchas en el horizonte no sólo conmueve, sino que nos recuerda lo vulnerables que podemos ser ante la fuerza de la naturaleza.

Flower in the pocket (Malasia/2007/97 min.): La ópera prima del malayo Seng Tat Liew tiene por protagonistas a dos niños, quienes deben prácticamente arreglárselas solos porque su padre no puede hacerse cargo de ellos. La supervivencia cotidiana mezclada con la inocencia infantil pero sin evitar la cruel realidad recupera la esencia de un cine asiático consustanciado con las historias pequeñas y tiernas. No obstante, también característico de este cine, la mezcla de elementos de algunos géneros como la comedia y el melodrama más tradicional, sumado a una austeridad narrativa, dan como resultado una obra maestra.

Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (México/2008/ 83min.): Merecidísimo premio en esta competencia para la debutante Yulene Olaizola (aún no recibida como directora en el Centro de Capacitación Cinematográfico de México), quien sorprende con este documental familiar. Pero no es sólo eso, sino que a través del testimonio de su abuela da rienda suelta a la ficción más pura a partir del recuerdo de un misterioso personaje: artista autodidacta y escritor consumado quien fuera huésped en la casa de la anciana. Shakespeare y Víctor Hugo son las esquinas donde se sitúa la casa familiar, pero también los fantasmas que aparecen a lo largo del relato (no desde el punto de vista de la referencia literaria), como personajes que guardan cierta proximidad con el hombre misterioso, cuya presencia en pantalla se da simplemente a través de sus escritos o su voz atrapada en un cassette. Con soltura, gracia e inteligencia, la realizadora logra hilvanar una trama que a partir de lo anecdótico se impregna de elementos del más puro suspenso y convierten al relato en un policial con una intriga inquietante. 

Wonderfull town (Tailandia/2007/92 min): Lo que dejó el Tsunami del 2004 tras arrasar la ciudad de Takua Pa, al sur de Tailandia, no fueron sólo las ruinas materiales sino las cicatrices en cada uno de sus habitantes. Un duelo que lejos de terminarse se resignifica en cada historia o como una herida pese al antídoto del olvido. Sin embargo, algunos pueden volver a creer en el amor, como la protagonista de esta lacónica y trágica ópera prima de ficción del realizador radicado en Estados Unidos: Aditya Assarat.

Help me eros (Taiwán/2007/103 min.): Kang-sheng Lee, protagonista recurrente de las películas de Tsai Ming-liang (aquí productor ejecutivo), dirige y protagoniza esta fábula onírica y apocalíptica, que también es una sutil crítica a la sociedad de Taiwán. Su film dialoga intertextualmente con el cine del realizador Tsai Ming-liang al punto de producirse, a veces, una simbiosis de estilo que dificulta diferenciarlos. La pulseada entre Tanatos y Eros, en medio del brillo de las luces de neón, la soledad y desazón de sus personajes, se mezclan con gran belleza visual y sensualidad en este film. Además, los cuerpos se funden en proezas sexuales bajo una atmósfera por momentos agobiante y por otros alucinatoria, en la que el humo de la marihuana cobra absoluto protagonismo. Para el protagonista, interpretado por el propio Lee, no hay escapatoria frente a la bancarrota, salvo escuchar la voz angelical  de una misteriosa mujer en una línea de atención al suicida,  que apenas despierta su curiosidad por conocerla. Absurda, angustiante y maravillosa, como la vida misma.   

            

COMPETENCIA SELECCIÓN OFICIAL ARGENTINA

Bye, bye life (Argentina/2008/90 min.): Quizá una forma de ofender a la muerte sea trascender en una foto o en un fotograma. Tal vez este fue el pedido implícito que la escritora y fotógrafa Gabriela Liffschitz le hiciera al realizador Enrique Piñeyro (Whisky Romeo Zulu) al enterarse que le quedaban pocas semanas de vida. Este anómalo documental nace de la urgencia y como tal refleja -como pocos- el caos y los vaivenes emocionales al correr contra reloj. También podría decirse que se trata de una película que documenta las últimas horas de una enferma de cáncer en un set cinematográfico, rodeada de cámaras, amigos, actrices que la van a interpretar en escenas que nunca se ven, y que procura captarla en todo momento y retratarla a veces con sus aires de diva y otras en el embotamiento y el cansancio al que decide someterse. Las discusiones con Piñeyro y esa sensación de no saber qué hacer o cómo contenerla se mezclan a veces con el sarcasmo de la protagonista, con su intención de desdramatizar la situación, pero sobre todo con su voluntad que se va apagando de a poco. Un film inclasificable, polémico, aunque fascinante al mismo tiempo.

Construcción de una ciudad (Argentina/2007/95 min.): Ya con Buscando a Reynols, el realizador Néstor Frenkel había demostrado un tratamiento poco habitual a la hora de hablar del documental. Su vínculo con las personas entrevistadas dejaba en la pantalla una inquietante galería de personajes. En este nuevo proyecto Frenkel se interesó por las historias de los habitantes de la ciudad de Federación, al Norte de Entre Ríos, cuya singularidad se remonta a fines de la década del 70, cuando la ciudad fuera anegada por obras de la represa de Salto Grande. De la Vieja Federación, entonces, sólo quedaron los recuerdos que el agua no se llevó y de la Nueva Federación  el origen de un pueblo que debió adaptarse a las locuras e improvisación de un proyecto que llevaba la firma de la dictadura militar. Fiel a su estilo y con enorme soltura y sentido del humor, el realizador logra un documental que escapa a la mirada nostálgica, turística, y a los convencionales tratamientos sobre la historia y el pasado al renovar las formas de encarar un documental.

La orilla que se abisma (Argentina/2008/64 min.): ¿Cómo plasmar en un lenguaje cinematográfico el mundo interior y la inspiración de un poeta, en este caso Juan L. Ortiz, sin traicionarlo, sin agotarlo en un anhelo casi imposible? Gustavo Fontán (El árbol, El paisaje invisible, etc.) parece haber encontrado un camino: reinventándolo. Eso es lo que se respira en esta apuesta a los valores expresivos del cine, donde la recreación de un viaje por el río nos conecta con el mundo interior del poeta entrerriano, quien aparece entre las imágenes como una suerte de fantasma sin rostro que se disipa en la bruma del recuerdo pero que vive en cada latido de la naturaleza que está allí, majestuosa, imponente, inescrutable como la mirada que surca el río y se pierde en un naufragio de palabras transportadas por el viento, que no pueden escucharse aunque se sienten, se palpan del mismo modo que la presencia-ausencia de Juan L. Ortiz.

Historias extraordinarias (Argentina/2008/245min.): En cualquier film de estructura coral el cruce de caminos y personajes obedece muchas veces al azar pero también al juego de arbitrariedades que se generan a partir del guión. La originalidad de este nuevo opus de Mariano Llinás (Balnearios), que aquí dirige, escribe y actúa, reside en la despreocupación por encontrarle un nexo a tres historias completamente independientes entre sí, cuyo denominador común está constituido únicamente por un tono desaforado, un cúmulo de situaciones desopilantes y el pulso narrativo de un realizador que no le teme al despliegue de los recursos cinematográficos en función de una trama rica en personajes, vueltas de tuerca y humor. La maratónica película de cuatro horas de duración tiene la singularidad de poseer tres narradores diferentes en off y una variedad de elementos como las fotos, la pantalla dividida y otros tantos para hilvanar los tres relatos. Por un lado, un hombre se ve envuelto en una complicada búsqueda de un botín de oro; otro es contratado para sacarle fotos a unos monolitos extraños dispersos por toda la Provincia de Buenos Aires y el último asume la personalidad de un muerto que lo antecedió en su trabajo, comenzando a experimentar una vida casi novelesca que le pone un poco de sabor a su opaca existencia. Pero eso sólo es la punta del iceberg de una laberíntica y apasionante aventura que inventa lugares, mitos y hace de lo ordinario una experiencia inolvidable. Esta “road-movie” con ribetes existencialistas deja bien en claro que cuando el cine nacional supera sus propios fantasmas y limitaciones se autodepura y reinventa con resultados increíbles.

Luego (Argentina/2008/75min.): En sintonía con Sábado de Juan Villegas o el cine de Martín Rejtman, Carola Gliksberg se ubica en la frontera del realismo y el artificio en este film sobre la postergación; sobre lo que no se puede decir. Apenas tres anécdotas conforman este relato que hace gala a un tono monótono que raya en el costumbrismo, en el sobreentendido y en un humor que surge sin buscarlo, no a la manera de un chiste o “gag”, sino simplemente como parte de una irrupción del realismo. Con una puesta en escena desprovista de todo elemento que invada el encuadre, Gliksberg trabaja sobre el discurso en todas sus formas tanto verbales como no verbales y hace de lo cotidiano un ritual con reglas indefinidas pero que gracias a la captación y algunos momentos de verdad se vuelve interesante.

Resfriada (Argentina/2008/96 min.): Gonzalo Castro es un escritor argentino que se desempeña al frente de la editorial Entropía, además de ser diseñador gráfico. Su ópera prima intenta -por decirlo de algún modo- bucear en el mundillo literario porteño, lugar poco frecuentado por el cine en general. Allí surge como pretexto una mínima historia, que si bien no utiliza un narrador en primera persona en realidad es un dispositivo que el propio Castro inventa para exorcizar sus fantasmas, exhibir sus frustraciones y mirada irónica, a veces pedante, otras superadora sobre el mundo que le rodea. A medio camino de una sitcom con aires literarios y un trabajo experimental sobre el discurso y los roles.  

Süden (Argentina/2008/87 min.): Este extraño documental de Gastón Solnicki sigue los pasos del compositor argentino Mauricio Kagel, hace años radicado en Alemania, quien visitó nuestro país en dos oportunidades. Su último retorno data del año 2006, donde fue reconocido oficialmente dado que para el resto del mundo es uno de los máximos exponentes de la música contemporánea. Por eso verlo en acción, a través de la cámara de Solnicki, resulta un deleite y todo un descubrimiento por sus reflexiones y concepciones de lo que significa hacer música no en los términos convencionales o clásicos sino como algo conceptual. Süden  no es sólo un documental sobre un músico consagrado en el mundo que regresa a un país que no lo supo albergar, sino que también refleja el contraste en relación a los músicos argentinos que en esta ocasión lo acompañaron en un concierto en el Teatro Colón.

El sueño del perro (Argentina/2007/90min.): Más conocido por sus cortometrajes, el primer largometraje de Paulo Pécora es una historia compleja protagonizada por un hombre que tras una crisis existencial emprende una búsqueda interior. Dicho así parecería simple pero la propuesta de Pécora no se agota en ese viaje, sino que va encontrando atajos narrativos que en vez de cerrar abren surcos en la trama, disparan el relato hacia el borde de lo onírico sin alejarse del naturalismo. Como una especie de juego de cajas chinas, quizás influenciado por David Lynch, el director hace culto al fragmento, al detalle que no explica, a lo disgresivo y al extrañamiento en un viaje hipnótico y atrapante.

 

CRÓNICA DE UN ITINERARIO SIN FIN 

El saber popular reza: quien mucho abarca poco aprieta. Y algo de eso se puede experimentar cuando se está cubriendo un festival como este. De la diversidad de itinerarios que minuto a minuto uno va armando en su cabeza, a veces guiado por la intuición, otras por los ecos que se pueden escapar de alguna conversación casual, o en la mayoría de los casos por el tiempo con el que se dispone, queda la sensación de que en realidad cada uno hace su propio festival. Todo está ahí, al alcance de los ojos. Y a partir de ahora,  la farragosa tarea del descarte, de la inevitable postergación y del absurdo convencimiento de: “y bueno la veré otro día…”         

Lo que sigue es un reflejo de lo que quedó como producto de la elección, la intuición, la decepción y las ganas de ver buen cine.

Una de las secciones que llama siempre la atención en el BAFICI recibe el sugestivo nombre de Cine del Futuro. En este espacio se pueden encontrar rarezas de todo tipo, propuestas extremas o sencillamente discursos cinematográficos que pretenden ser vanguardia o por lo menos salirse de los esquemas frecuentes. De allí que optar por alguna película de esta sección supone de antemano un riesgo y en eso radica su mayor atractivo.

Quizás una de las obras más sugerentes haya sido Caja cerrada (Argentina/España/2008/72min.) de Martín Solá, quien se internó con su cámara digital a bordo de un pesquero en medio de la nada. Allí, entre redes, conviven pescadores de distintas etnias que pese a la presencia perturbadora de Solá hacen su trabajo lo más rápido que pueden. Todo comienza con la pesca y culmina con el envasado. Solá muestra un ojo atento al detalle y a extraer de lo que a simple vista parece una rutina los aspectos más ocultos y oscuros. También de Argentina se exhibió Cómo estar muerto/como estar muerto (Argentina/2008/80min.), ficción del realizador Manuel Ferrari que presenta a un grupo de adolescentes en tránsito permanente por una ciudad vacía, expectantes de que algo pase, entre los chistes, la abulia, y los juegos inocentes -o a veces no tanto- que llenan los espacios como si se tratara de representar continuamente algo que no son. Por momentos viven como si estuviesen muertos y de ahí el doble significado del título  de una película que rescata la melancolía del blanco y negro, practica la distancia y la desafección con los personajes y los suelta en un mundo que los oprime pero que también los protege.

Protagonizada también por adolescentes, en este caso de la provincia de Fujian en la costa sudeste de China, Fujian blue (China/2007/87 min.) de Robin Weng bucea las desventuras de una banda de jóvenes que se encarga de filmar a mujeres para luego chantajearlas, atrapados en un mundo sin posibilidades y con el anhelo de salir de ese lugar hacia otros horizontes. El melancólico y contundente retrato de Weng mezcla el registro documental con el de ficción en una fusión dotada de energía, belleza y emociones. Por el lado asiático, además, Japón dijo presente con varias propuestas, entre ellas Higurashi (Japón/2007/102 min.), film intimista en el que el realizador Hirosue Hiromasa construye a sus personajes a partir de pequeños trazos, como seres incompletos con dificultades de comunicarse y en un constante tira y afloje con el mundo en que habitan, atravesado de incerteza, frustraciones y falta de lazos afectivos fuertes. De Malasia, la manifiesta influencia de Tsai Ming-liang, sobre todo de su film El río, se ve plasmada en el segundo opus del malayo Woo Ming Jin El elefante y el mar (Malasia/2007/100 min.) donde el exotismo y la convivencia con la selva marca el rumbo de cuatro personajes que procuran torcer la dirección de sus vidas pero se quedan en el intento, a veces por la propia inercia y otras por una sensación de estar perdidos bajo el lúgubre paisaje que atestigua su búsqueda. Woo apela a la síntesis narrativa y a la contemplación atenta a la belleza visual. Por el lado de Irán, las lecciones de Abbas Kiarostami están presentes con la obra de una de sus actrices Mania Akbari, quien protagonizara Ten en el año 2002 y en esta oportunidad en 10 + 4 (Irán/2007/77 min.) retoma la misma estructura del viaje confesional para hablar de su enfermedad: el cáncer. Akbari hace de la auto-referencia uno de los puntos fuertes de este viaje introspectivo donde las charlas con familiares, amigos, los cambios a partir del desarrollo de la enfermedad, la muestran en su costado vulnerable pero no obstante eso no le impide seguir adelante y reflexionar sobre la cultura iraní, la sociedad, la tradición. Aunque el cáncer siempre la acompaña y a veces le quita lucidez transformando su película en un dispositivo catártico que se agota en si mismo.

Otra de las vedettes de este BAFICI fue sin dudas la Sección Panoramas/ Trayectorias, en la cual como todos los años se puede tomar contacto con las últimas obras de realizadores ya consagrados o alguna que otra rareza por conocer. Entre esas películas inclasificables se encuentra el documental Staub (Alemania/2007/ 90 min.), cuya traducción al castellano sería Polvo. Precisamente de eso se trata la rigurosa investigación que el documentalista alemán Hartmut Bitomsky se propuso para establecer un vínculo directo entre el polvo cotidiano y la idea de la creación del Universo, a partir de una gran explosión que terminó siendo también polvo de estrellas. Pero además, Bitomsky encuentra una manera creativa y paradójicamente visual para mostrar un elemento, como el polvo, que en realidad está en todas partes, es inaprensible y nadie lo puede ver, utilizando como primer recurso el celuloide donde éste se deposita con el paso del tiempo y perdura para siempre. Interesante y diferente con la confirmación de que no existen fronteras temáticas para hacer cine. También documental, aunque los recursos de ficción se mezclan constantemente, el canadiense Guy Maddin (La canción más triste del mundo, 2003) recrea en un viaje por momentos onírico, por momentos auto-referencial, a su ciudad natal Winnipeg en el film My Winnipeg (Canadá/2007/97 min.). Como lo indica el título, el realizador bucea por los laberínticos caminos de la memoria, valiéndose de material de archivo, en lo que puede considerarse su visión personal de esta ciudad y se vale del recurso de la representación actoral para traer recuerdos de infancia con altas dosis de ironía, despojado de nostalgia al punto de dejar un interrogante sobre qué es verdad y qué no lo es. El film de Maddin es un ejemplo cabal de cómo puede abordarse el tratamiento histórico sin el encorsetamiento de las imágenes de archivo ni la estructura clásica que complementa dichas imágenes con testimonios. El término prestidigitador cinematográfico no le queda grande. Y si de tratamientos de la forma se trata, nada mejor que visitar el universo del realizador catalán Pere Portabella, revelación absoluta de la edición del BAFICI 2006, donde pudo conocerse gran parte de su obra. En este caso, Portabella se atrevió a abordar la figura del célebre compositor Johann Sebastian Bach en la sugestiva El silencio antes de Bach (España/2007/102 min.), donde a partir de una serie de secuencias la figura del célebre compositor se multiplica mediante el legado de su música, interpretada desde un imponente órgano de iglesia hasta en un solo de armónica arriba de un camión de transporte. La originalidad de esta fascinante película obedece en gran parte a su abordaje poco convencional, ya que lejos de ser una “biopic” la vida del músico se cuenta por anécdotas o simplemente en un viaje por los lugares donde aún vive su espíritu. Otro español, amigo del BAFICI, José Luís Guerín, con su film En la ciudad de Sylvia (España/Francia/2007/84 min.), esta vez explora las posibilidades de la ficción mezcladas con sus vivencias personales. Guerín retorna a Estrasburgo con la intuición de que allí podrá encontrar a una mujer que hace mucho tiempo no ve. A partir de la historia de un joven pintor o quizá poeta, quien busca en los rostros de muchas mujeres que van apareciendo el de la enigmática Sylvia del título. No sólo el film retrata con gran sensibilidad y poesía el universo femenino desde los aspectos menos obvios, concentrado más en lo que se oculta que en lo que se ve, sino que recorre la ciudad europea otorgándole un gran protagonismo en pantalla, donde los silencios pero también los ruidos terminan por completar algo incompleto, igual que ese rostro que nunca aparece. Siempre sorprendente, cada vez que Werner Herzog encara un documental la expectativa se acrecienta no sólo por la temática sino por esta manera que tiene de vivir el cine, renovando los desafíos tanto físicos como formales, así como también por su capacidad de encontrar personas que se transforman en un segundo en personajes. Quizá desde la ironía o simplemente desde la curiosidad, el director alemán se involucró en esta aventura llamada Encuentros en el fin del mundo (EE.UU./2007/99min.), nada menos que patrocinado por Discovery. Lejos de tratarse de un documental a lo Discovery, la Antártida de Herzog se vuelve tan deslumbrante, misteriosa y fascinante como todos los secretos que encierra en una aparente extensión cubierta por hielo. Lo que hay debajo del hielo es un mundo desconocido registrado por las cámaras con preciosismo de detalles y belleza poco usual. Cuando la moda está en los pingüinos emperadores, en una suerte de reduccionismo que los antropomorfiza en exceso sin comprenderlos como una película de Pixar, el irreverente creador de Fitzcarraldo se preocupa por los hombres. Geógrafos, filósofos y ambientalistas pretenden contestar las preguntas de un Herzog inquisidor, cuando en realidad no hay respuestas.

Por el lado de Latinoamérica, el cine brasileño sigue dando muestras de gran calidad como es el caso de Perro sin dueño (Brasil/2007/82 min.). Basado en la novela del escritor Daniel Galera, el realizador Beto Brant codirige junto a Renato Ciasca una historia rica en atmósferas, con pocos personajes pero enmarcada en un registro realista que suma momentos de gran tensión y por otros de absoluta intimidad cuando se sumerge en la gris y monótona vida de Ciro. En su limitado mundo configurado por la relación con sus padres y su novia, a la deriva igual que un perro sin dueño, como reza el título. De Brasil, además, el documentalista Eduardo Coutinho, asiduo visitante de este festival en cuatro oportunidades, juega con las posibilidades de la representación, con la idea de verdad y las limitaciones del cine para extraer la esencia de las personas en la reflexiva y sugerente Juego de escena  (Brasil/2006/103 min.). Con una puesta en escena mínima, aquí se trata del escenario de un teatro vacío en el que el realizador entrevista a mujeres, algunas de ellas actrices y otras no. La premisa básica es volver endeble la frontera entre la realidad y la ficción al reproducir las mismas historias relatadas por diferentes interlocutoras. Entre las entrevistas reales y las recreaciones de las actrices prevalece el denominador común de la emoción pero se hacen casi indistinguibles las marcas de las experiencias reales de las ficcionales. Cabe aclarar que este film se dio en la función de apertura del festival.

Para cerrar con la presencia latinoamericana,  la obra más reciente del mejicano Carlos Reygadas Luz silenciosa (Méjico/Francia/Holanda/2007/142 min.), toma como punto de partida además de la naturaleza en todo su esplendor otra naturaleza: la humana. La historia  atraviesa la tragedia, el deseo, la traición y en un segundo plano la irrupción de lo milagroso en un escenario rural en el seno de una comunidad menonita. Reygadas no sólo concibe un retrato de una familia de campesinos poco común sino que escarba con una cámara distante pero atenta en lo más profundo de la condición humana igual que en su perturbadora película Japón.

 

Entre esos tipos y yo hay algo personal… 

Los realizadores más consagrados, conocidos no sólo en festivales sino también en las pantallas comerciales, arribaron al festival con sus trabajos más recientes, la mayoría ya exhibidos en otros festivales de prestigio. Tal es el caso del coreano Hong Sang-soo, quien en Noche y día (Corea del Sur/2008/145 min.) entrega otra de sus comedias filosas sobre los encuentros y desencuentros amorosos de un pintor que debe exiliarse en Paris para huir de la policía que lo persigue por haberlo pescado “in-fraganti” fumando marihuana. En la Ciudad Luz encontrará a una jovencita -también oriental- que le despertará todo tipo de fantasías pero deberá lidiar con la culpa de traicionar a su esposa que lo espera en Corea. Fiel a su tono contemplativo, a un humor sutil pero cargado de significado, con algunos toques absurdos y surrealistas, esta fresca y deliciosa película del realizador coreano corrobora la presencia de un gran artista. Como no podía esperarse otra cosa del austríaco Michael Haneke (aunque nació en Munich), la remake de su homónima Funny games (1997), en esta ocasión se denomina Funny games US (EE.UU./Francia/Alemania/Italia/2007/111 min.). Y ese particular agregado al título responde a que la historia se sitúa nada menos que en Estados Unidos, donde Hollywood hace culto de la violencia estilizada y Haneke la expone cruda y sin embellecerla con la misma mirada impiadosa sobre sus víctimas y sus victimarios, sin moralina ni escapes redentores. Otro director emparentado con la violencia, en este caso prueba con un cuento de hadas mezclado con vodeville y coreografías de streappers más un reparto que se saca chispas. Nos estamos refiriendo a la deliciosa y anómala Go go tales (EE.UU./Italia/2007/96 min.) del neoyorkino Abel Ferrara, quien cuenta la historia de un cabaret, cuyo anfitrión de lujo es Willem Dafoe y su mano derecha Bob Hoskins. Adicto al juego, Dafoe pone en riesgo el futuro del cabaret al invertir todas las ganancias en billetes de lotería. La falta de pago a sus empleadas lo llevará a tener que enfrentarse con la furia de las chicas, lideradas por una Asia Argento siniestra y cautivante. Grandes momentos de comedia y soberbias actuaciones completan el cuadro de esta gran película del director de El funeral. Por otra parte, la actriz Asia Argento protagoniza el film de la directora Catherine Breillat Une vielle maîtresse (Francia/2007/144 min.). Aunque no tan controversial como suele acostumbrarnos la realizadora de Romance (2002) retrata un triángulo amoroso, con todas sus aristas ambientado en la Francia del siglo diecinueve. El erotismo, los juegos de poder, las apariencias y la hipocresía masculina ocupan el foco de esta vigorosa y pasional historia donde Argento interpreta a una irresistible amante despechada.

 

Retrospectiva Koji Wakamatsu: el japonés maldito

Entre los tantos focos dedicados a realizadores de diferentes latitudes y estilos, este festival se dio el lujo de contar con la presencia del controversial realizador japonés, alguna vez apodado el Roger Corman del Japón, Koji Wakamatsu. Este veterano director, sobreviviente a un régimen político opresivo y absolutamente consustanciado con el término independiente, con sus 72 años cuenta con más de cien títulos y todavía sigue filmando. Su pasado yakuza lo llevó a los veintitantos a soportar en carne propia una prolongada estadía en prisión. Allí, no sólo conoció la brutalidad de sus pares sino que debió lidiar con el abuso del poder, dos rasgos sustanciales de su poética cinematográfica que se multiplican a partir de relaciones de poder y sometimiento sexual. Al quedar libre dejó plasmada en un libro su experiencia en el infierno carcelario, pero recién cuando incursionó en la realización de películas encontró el vehículo apropiado para expresar sus ideas políticas de izquierda y su crítica y desencanto de un país que según él es una desilusión. Dada la radicalidad de su discurso con enorme predominio de sexo y violencia -pero siempre utilizado como metáfora de algo más profundo- Wakamatsu encontró un género, el pinku-eiga, (más conocido como cine erótico japonés), para dejar plasmadas en pantalla sus ideas. Este festival se tomó la tarea de seleccionar una serie de filmes representativos de su cine para dar una idea más acabada del universo de este prolífico y resistido director japonés. Lo que sigue es una breve reseña de algunas de sus películas.

Secretos tras la pared (Japón/EE.UU./1965/80min.): Algo de la Ventana indiscreta de Hitchcock y de Hiroshima mon amour de Alain Resnais, esta película que fue seleccionada para el festival de Berlín de ese año creó un escándalo diplomático entre Alemania y Japón. Se trata de la historia de un voyeur que vive en un complejo habitacional y espía a su vecina, una ex pacifista que ahora se convirtió en ama de casa y mantiene un amorío secreto con un ex amante, cuyo cuerpo fue alcanzado por la radiación nuclear. Ese simple ritual a lo largo del film se irá convirtiendo en la clave para desatar la locura del joven voyeur.

Ángeles violados (Japón/1967/56 min.): Basado en un hecho real, a Wakamatsu le llevó tres días de filmación recrear este cruento episodio donde un alcohólico irrumpió en un edificio habitado por nueve enfermeras. Las estranguló una por una y luego las apuñaló. La rareza de este film es que se estrenó un par de semanas después del caso real con la particularidad de estar rodado enteramente en blanco y negro con intercalado de colores durante las escenas de sexo.

Corriendo a lo loco, muriendo de amor (Japón/1970/77min.): Cargado de violencia, este relato es acerca de la traición política, camuflado a partir de la historia en que un joven militante se traba en lucha con su hermano policía y la mujer de aquel lo termina matando. Así, viuda y cuñado intentan disfrazar la muerte como suicidio y huyen hacia el Norte de Japón, pero la presencia del muerto acecha y cualquier intento de purificación es en vano.

Sex Jack (Japón/1970/73 min.): Uno de los filmes donde se aprecia la ironía de Wakamatsu en todo su esplendor. Esta vez un grupo de jóvenes revolucionarios sólo piensan en el sexo, mientras que en las calles la efervescencia política bulle en manifestaciones donde la represión policial es una feroz arma de coacción.

Shinjuku mad (Japón/1970/66 min.): Teñido de una atmósfera melodramática, la trama sigue las instancias de una cruzada personal de un padre en busca de los asesinos de su hija, para denunciar la indiferencia de un sistema frente a las víctimas. Violento y crítico de las instituciones, el realizador japonés consigue elaborar un film de justicia por mano propia que escapa a los convencionalismos del cine.

United Red Army (Japón/2007/190 min.): Este mega-proyecto reconstruye ficcionalmente pero con gran caudal de archivo e información los acontecimientos sucedidos en febrero de 1972: el enfrentamiento entre un grupo de activistas estudiantiles y la policía en un refugio de esquiadores que se produjo como fase final de las intenciones de combate del Ejército Rojo Unificado. Esta facción guerrillera compuesta por estudiantes había secuestrado armamento destinado al ejército norteamericano que combatía en Vietnam. Sin tomar partido por ninguna posición, apoyado en la información histórica y el material de archivo, el director japonés refleja con crueldad no sólo los pormenores de un enfrentamiento absurdo sino las locuras mesiánicas de sus líderes, quienes en su afán de poder terminaron con la vida de sus pares a fuerza de brutales castigos.

Perfect education 6: Red murder (Japón/2004/99 min.): Sexta entrega de la saga, Wakamatsu cuenta la historia de un hombre que para saldar una deuda acepta un crimen por encargo. Una vez consumado el asesinato busca refugio en una casa donde encuentra a una muchacha encadenada a la pared, quien aparentemente vive allí desde niña como prisionera de un hombre despiadado. Pese a los denodados intentos del hombre por liberarla, la jovencita no se atreve a salir de allí. Todas las noches debe someterse a los maltratos de su amo pero también comienza a experimentar el despertar sexual con el desconocido. Híbrido de comedia con policial erótico.

por Pablo E. Arahuete  

 

“Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo” y “Unidad 25”, las ganadoras del 10º BAFICI

En la Ceremonia de Clausura realizada en la noche del sábado 19 de abril, se dieron a conocer los ganadores de la actual edición. “Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo”, de Yulene Olaizola, fue el film que se llevó el galardón a la Mejor Película en la Selección Oficial Internacional. Por su parte, la Selección Oficial Argentina premió, también como Mejor Película, a “Unidad 25”, de Alejo Hoijman.

Durante la ceremonia de clausura, de la que participaron el Ministro de Cultura, Ing. Hernán Lombardi y el Director del BAFICI, Sergio Wolf, también se entregaron los siguientes premios:

En la Selección Oficial Internacional, “Night Train”, de Diao Yinan obtuvo el Premio Especial del Jurado. Lance Hammer se llevó el premio al Mejor Director por el film “Ballast”, mientras que Liu Dan, de “Night Train” y Lee Kang Sheng de “Help Me Eros”, fueron premiados como Mejor Actriz y Mejor Actor, respectivamente.

Las Menciones Especiales de la Selección Oficial Internacional fueron para “Profit Motive and the Whispering Wind”, de John Gianvito; “Una semana solos”, de Celina Murga y “Cochochi”, de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán.

En la Selección Oficial Argentina, además de “Unidad 25”, fueron premiadas “Historias Extraordinarias”, de Mariano Llinás con el Premio Especial del Jurado Kodak - Cinecolor Argentina y Mención Especial para “süden”, de Gastón Solnicki. Por su parte, el premio al Mejor Director fue otorgado a Gonzalo Castro por “Resfriada”.

El Premio Revista Ñ y Cinecolor Voto del Público fue para la argentina “Historias Extraordinarias” de Mariano Llinás y para la mexicana “Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo”, de Yulene Olaizola.

El film “Ballast”, de Lance Hammer recibió, además del galardón al Mejor Director, los premios otorgados a la Mejor Película por FIPRESCI y por SIGNIS. También SIGNIS otorgó dos Menciones, una para “Correction”, de Thanos  Anastopoulos y la otra para “Cochochi”, de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán.

ADF (Asociación Argentina de Autores de Cinematografía Fotográfica) otorgó el Premio a Jing Song Dong  por “Night Train”  y una Mención Especial a  Peng Jung Liao por  “Help Me Eros”; mientras que la Asociación de Cronistas Cinematográficos Argentinos otorgó el Primer Premio a “süden”, de Gastón Solnicki y Mención Especial a “Construcción de una ciudad”, de Néstor Frenkel.

El Ex Aequo –premio a la mejor película sobre Derechos Humanos- tuvo dos ganadores: “Mi vida dentro”, de Lucía Gajá y “Profit Motive and the Whispering Wind”, de John Gianvito; mientras que “Llavallol”, del Grupo Tierra en Trance, obtuvo el Premio Cine del Futuro.

La Selección Oficial del Cortometrajes tuvo tres ganadores –sin distinción de importancia ni orden-. Ellos fueron: “El contrabajo”, de Alejo Franzetti, “Ahendu nde sapukai” (Oigo tu grito), de Pablo Lama, “Fedra o la desesperación”, de Gustavo Galuppo.