BAFICI VIII: Balance con los ojos bien abiertos

por Pablo E. Arahuete

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 


Cuando existe la posibilidad de participar de un festival de cine independiente de la envergadura del BAFICI, con una cobertura lo suficientemente representativa, arremete el mismo interrogante: ¿Qué criterio de selección guiará los pasos en este entramado laberinto de propuestas cinematográficas? Lejos de encontrar un horizonte, un recoveco con un atajo que nos condujera a la senda del cine imprescindible queda la amarga sensación de que lo mejor pasó delante de nuestros ojos.

Eso obedeció, entre otras razones, a la exagerada cantidad de títulos (más de 400 entre largos y cortos) repartidos en 14 secciones. Desde una retrospectiva integral de Kiarostami, un extenso conjunto de obras para televisión de Roberto Rossellini, pasando por el desembarco de realizadores desconocidos como el lituano Sharunas Vartas hasta el audaz Jon Jost, cuyo enfoque crítico sobre Estados Unidos y su política dejó bien claro el mote independiente, hubo de todo y para todos los gustos. Equiparable al nivel de la edición anterior este festival tuvo bastante material de relleno. No obstante, el espectro de ofertas y la afluencia de público -de acuerdo a cifras oficiales se incrementó un 30%- confirma el éxito de este mega evento cultural, donde se exhibieron obras de 49 países con una importante presencia del cine latinoamericano actual y del pasado. Este dato significativo se vio reflejado en la sección de competencia internacional, la cual incluyó películas de Chile, Bolivia, Uruguay, México y Argentina.

El cine documental -igual que el año pasado- tuvo una fuerte presencia en numerosas secciones. En esta oportunidad, el BAFICI VIII desplegó un abanico de estilos, formas y temáticas que mezcló directores consagrados como el legendario Jonas Mekas con ignotos ilustres.

Sobre este punto, sobrevuela la duda con el gran público -no el cinéfilo que siempre asume ciertos riesgos- que se vio confirmada en el abandono constante de las salas a mitad de proyección. Esta observación no pretende menoscabar el loable esfuerzo de los programadores del festival por exhibir una gran vitrina de discursos y miradas, sino que responde más a una reflexión elaborada a partir de la experiencia diaria, a horas y horas de transitar por los pasillos y toparse con expresiones de desagrado de espectadores diferentes.

Fenómenos tan particulares como éste no se viven en las funciones de prensa, más allá de las conclusiones que cada colega pueda emitir una vez proyectado un film. Sin embargo, a diferencia del año anterior hubo mayor información disponible para cada film y es justo decirlo: bastaba consultar el libro de programación para encontrar una reseña.

Nuevamente el mismo interrogante: ¿Qué criterio se está privilegiando en este caso? A veces pareciera que el BAFICI es un refugio invaluable y exclusivo de la cinefilia y un espacio expulsivo para otro tipo de espectador; a veces, sucede todo lo contrario y un film difícil y anómalo agota las entradas y cosecha elogios.

Es necesario aclarar que un festival no se define únicamente a través del material que integra la muestra, sino que extiende una plataforma de actividades, seminarios, talleres, vinculados con estudiantes, distribuidores, etc. Desde esa perspectiva, resulta muy significativo el importante rol del BAFICI como promotor de nuevos proyectos y como nexo entre las producciones locales y los mercados internacionales. Alrededor de 35 propuestas nacionales recibirán algún tipo de apoyo gracias a esta iniciativa.

Cinefreaks vivió el BAFICI VIII desde adentro, desde el fervor de la pasión cinéfila que nos convoca con nuestros seguidores en este sitio; con la tranquilidad de haber estado donde se pudo estar y darnos el lujo de reflexionar sin exitismo ni cholulaje porque el ojo a veces se pone un poco vizco o ve doble y exagera todo.

Pasó el BAFICI VIII con sus pros y sus contras, pero lo importante sigue siendo el cine.

 

LO BUENO, LO MALO Y LO FEO 

De la misma forma que en la cobertura anterior, lo que sigue es un panorama global de aquello que vimos.

El cine asiático confirmó su buen nivel, variedad de recursos narrativos y tratamiento visual; películas de tiempos y ritmos distintos como la contemplativa Before born de Zhan Ming, film introspectivo donde los fantasmas de Michelangelo Antonnioni se detectan en cada secuencia y acompañan la incierta búsqueda de un personaje misterioso que altera el destino de tres almas desoladas.

En un extremo completamente opuesto, ligado con lo bizarro y con un diseño de producción arrollador, la perturbadora Strange Circus  (Japón, Sono Sion) despliega truculencia, una trama demencial que no le teme al absurdo y tampoco a los climas opresivos.

La garantía de excelencia y el sello de obra maestra vino de la mano del taiwanés Hou Hsiao Hsien  con la maravillosa Three Times: una historia de amor contada en tres épocas y versiones distintas con los mismos actores. Un film que mezcla registros diferentes con gratos momentos imborrables y fuertes dosis de lirismo.

En la competencia oficial, el cine oriental estuvo representado por dos películas de Taiwan: Reflections  de Yao Hung-i que gira en torno a un triángulo amoroso que se antepone a una relación lésbica, con exceso de esteticismo y muy poco para contar. Una mezcla de cuento de hadas con melodrama romántico que se va desinflando cuando ingresa al terreno de la fábula, son los elementos que componen The shoe fairy de la realizadora Lee Yun-chan , el otro exponente de oriente que integró la Competencia.

Fuera de esta sección, se presentó lo nuevo de Takeshi Kitano, una fallida autoparodia intitulada Takeshis muy por debajo de lo que este realizador suele ofrecer.

De mayor atractivo resultó la sátira The president’s last bang (Corea del Sur, Im Sang-soo) que reconstruye en clave de humor el asesinato del presidente de Corea perpetrado por uno de sus hombres de confianza. Este film es un buen ejemplo de cómo se puede amalgamar un relato de acción con viñetas humorísticas sin alterar la historia.

Loft (Corea del Sur, Kiyoshi  Kurosawa)  dejó la impronta del terror en un relato claustrofóbico, aunque un tanto moroso en el ritmo y predecible hacia el final.

Como corolario del cine asiático, son destacables dos obras de honda sensibilidad, de tonos muy distintos: el documental What are we waiting for? (Corea, Kim Hyun-kyung) donde la realizadora se sumerge en las heridas que dejó la guerra de Corea a partir de la separación de las parejas, cuando los hombres iban al frente de batalla y  una vez finalizada no podían regresar a sus hogares. A través del reencuentro tras 50 años de ausencia, la directora se pregunta si el amor puede durar para siempre.

Y si de amores no correspondidos y soledades se trata, el film Be with me (Singapur, Eric Khoo ) explora con gran sutileza y economía de recursos los problemas de la incomunicación en el mundo moderno.

 

Before born

 

MÁS ALLÁ DEL HORIZONTE

La competencia internacional presentó un conjunto de películas de nivel aceptable, pero lo más interesante -una vez más- fueron los documentales.

Los próximos pasados de la realizadora Lorena Muñoz recupera la historia de un mural pintado por Siqueiros en la estancia de Natalio Botana, antes de que el pintor mexicano –exiliado- fuera expulsado de nuestro país por el presidente Justo.

A partir de la idea que detrás de toda obra se esconde una historia, un mito, un secreto por develar, la directora se adentra en la trama misteriosa de la historia y la creación. El mural, de dimensiones extraordinarias, puede considerarse una obra artística de vanguardia, pero hoy se encuentra abandonado en un container a merced de la burocracia judicial y la corrosión que lo destruye de a poco. Un film fascinante que dosifica el relato con el meticuloso empleo de material de archivo y un virtuosismo visual poco frecuente en el cine argentino.

La leyenda del tiempo (España, Isaki Lacuesta) toma la figura del ya fallecido cantaor de flamenco Camarón de la Isla, pero llega al personaje y a su mito por distintos caminos y actores que se alejan de los cánones del documental convencional. Lacuesta desmonta los mecanismos narrativos del registro testimonial, con un variado despliegue de elementos cinematográficos.

También en el terreno documental, aunque en este caso un falso documental, el film de origen ruso de Alexei Fedorchenko,  First on the moon , recrea el primer vuelo espacial a la luna argumentando que los soviéticos fueron los pioneros. Una mirada poco original sobre el stalinismo y la guerra fría, a medio tono entre la ironía y el chiste obvio.

Lo más interesante de esta sección fue el film alemán Longing, de la debutante Valeska Grisebach, referente de la nueva escuela de Berlín, que viene acaparando la atención en el circuito festivalero sencillamente porque es una historia bien contada. Un bombero, felizmente casado, lleva unos años de convivencia junto a su mujer, pero encuentra en otra la novedad de la pasión. Algo que en su matrimonio ya no existe, aunque no dejó de amar a su esposa. La crisis de las relaciones humanas cuando entra en juego el deseo bajo un enfoque maduro, casi antropológico, son las coordenadas que trazan el mapa de emociones de esta singular obra.

Otra película que generó polémicas es Los estados nórdicos, ópera prima del canadiense Denis Côtè, cuyo protagonista emprende un viaje iniciático para recomenzar una nueva vida tras haber desconectado a su madre, víctima de una enfermedad terminal. Un film con un planteo prometedor que no soporta el peso de sus contradicciones y opta por el camino facilista de la moralina.

En las antípodas de este enfoque, aunque con una historia distinta,  Sangre, del mexicano Amat Escalante,  apuesta a un relato minimalista que recoge el tedio de una pareja de clase media. El sexo ocasional y obligado, como el ritual de compartir una telenovela, son los únicos lazos de unión hasta que la muerte exponga cruelmente la fragilidad de sus personajes y la trama se desvíe hacia un cine reflexivo e intimista. Un film sorprendente que debió haber sido tratado con menos indiferencia por el jurado.

Lo más bonito y mis mejores años (Bolivia, Martín Boulocq) se queda a medio camino al hacer evidente su alta dosis de improvisación no sólo desde las actuaciones, sino en lo que respecta a su estructura narrativa. Dos amigos recorren en un auto destartalado la ciudad de Cochabamba y en ese viaje quedan expuestas sus contradicciones, envidias y miedos al incorporarse la novia de uno de ellos. Sobre la falta de rumbo y la necesidad de buscar nuevos horizontes, se desarrolla la historia de La perrera, un film uruguayo de Manuel Nieto, que presenta intertextualmente rasgos del nuevo cine argentino.

Un tanto más pretencioso resulta Alma mater, coproducción uruguayo-canadiense, del realizador Álvaro Buela, focalizada en la historia de una cajera de supermercado con delirios místicos y su amistad con un travesti que la aleja de su monótona existencia. Onirismo mezclado con costumbrismo y algunos desajustes narrativos dejan en claro que las buenas intenciones no bastan para concretar un buen trabajo.

Ese desequilibrio entre guión y propuesta visual se percibe al ingresar al universo de Agua, de la realizadora argentina Verónica Chen (resultado de la beca otorgada en Cannes). Dos nadadores, uno con un pasado condenable y el otro con ambiciones e inexperiencia comparten el anhelo de querer cambiar sus opacas vidas donde el único espacio de libertad  que parece ser el agua.

Close to home (Israel, Dalia Hager) se instala en el conflicto de medio oriente desde una perspectiva poco habitual: los patrullajes de la frontera a cargo de un grupo de chicas reclutas. Sin embargo, sin caer en un tono solemne, el film aborda los conflictos de sus protagonistas a partir de situaciones triviales, al tiempo que exalta la paranoia de vivir en un estado amenazado constantemente por el terrorismo, pero que también justifica el abuso de poder utilizándolo como pretexto.

Black brush (Hungría, Roland Vranik) es una comedia irreverente e irrelevante que no consigue superar la media. Un grupo de idiotas se involucra en una aventura, cuyo conflicto central lo constituye la recuperación de un dinero ajeno.

The Forsaken land (Sri Lanka, Vimukthi Jayasundara). Este film censurado en su país de origen intenta mimetizar a sus personajes con la hostil naturaleza que los rodea, abandonados a su suerte en los inhóspitos parajes de Sri Lanka con un continuo reflejo de la guerra en un fuera de campo que permite rellenar aquellos huecos que el film deja ex profeso. Un film de ritmo pausado que obliga al espectador a tomar una actitud contemplativa.

Por el lado de Francia, se presentó Los invisibles, ópera prima del crítico de Cahiers du cinema Thierry Jousse. Un film que explora las obsesiones de la creación artística a través de la historia de un personaje que graba todo tipo de sonidos para sus trabajos musicales. En esa búsqueda permanente de nuevos sonidos se obsesiona con una voz sensual que descubre en un chat telefónico y desde allí el anhelo por revelar la identidad de la misteriosa mujer lo sumergirá en un universo desconocido. Jousse propone un relato construido con diferentes capas y utiliza los planos sonoros como elementos narrativos.

                                                          

Longing

PUERTAS ADENTRO

En relación con la competencia argentina no hubo grandes sorpresas, salvo el extraordinario film El árbol, de Gustavo Fontán. La premisa es tan sencilla como la pareja que lo protagoniza, a la sazón los padres del realizador. Ambos mantienen una posición tomada sobre el futuro de una acacia que recibió los embates del tiempo. Para la mujer está seca y deben podarla pero su esposo aún la riega y no tiene intenciones de “matarla”. Dos puntos de vista sobre un mismo hecho también reflejan dos maneras de ver y sentir la vida. Fontán le pone imágenes y poesía a los lazos invisibles que atraviesan la existencia humana: el tiempo, la memoria, los recuerdos, el devenir y la muerte.

 El amarillo, de Sergio Mazza, es otra buena película que consigue retratar con mínimos detalles el ritmo cansino del interior, la vida de un pueblo tranquilo donde el mayor polo de atracción es un burdel y la encantadora Amanda. La llegada de un extraño de Buenos Aires en busca trabajo y techo desemboca en una relación afectiva que la cámara absorbe sin prejuicios ni puestas en escena. Naturalismo rabioso, diálogos justos y un tratamiento musical poco frecuente.

El encuentro y desencuentro de dos adolescentes que se conocen virtualmente en el chat es el punto de partida de María y Juan (no se conocen y simpatizan). El atractivo de este film de David Bisbano reside en su ritmo interno y en el gradual protagonismo que va tomando la ciudad de noche y cómo la cámara la abarca sin descuidar a sus personajes.

También sobre la adolescencia y sus conflictos existenciales gira la trama del film ganador Glue-Historia adolescente en medio de la nada- de Alexis dos Santos. El realizador demuestra su capacidad para dirigir actores, un inteligente uso del monólogo interior, los tiempos muertos y sobre todo que sabe contar historias con imágenes.

En un registro distinto al de Sábado, Juan Villegas presentó su segundo opus Los suicidas, adaptación de la novela del escritor argentino Antonio Di Benedetto. La búsqueda obsesiva de un joven periodista para determinar las causas que conducen al suicidio lo conecta con otro suicidio, el de su padre en el pasado. En el medio, un triángulo amoroso que tampoco puede resolver. Villegas opta por un relato conciso, distante y a veces desaprovecha las posibilidades del lenguaje cinematográfico por estar muy pendiente de la novela. Interesante de a ratos como ejemplo de adaptación pero por debajo de las expectativas que este proyecto prometía.

En el formato documental, la competencia desenterró el pasado más nefasto de la historia argentina reciente con el aporte de La Escuela. El film de Eduardo Yedlin se focaliza en los testimonios vivientes de ex detenidos en la Escuela de Mecánica de la Armada, uno de los centros clandestinos de detención durante la dictadura militar. Un planteo que une la mirada de dos generaciones al poner en primer plano la presencia de hijos y familiares de desaparecidos, como así también  el deseo genuino de querer saber sin temor a preguntar pero sin perder el respeto.

Soledad al fin del mundo, coproducción argentino-italiana,  se instala en los confines del sur argentino. Con la cámara  dispuesta a captar la verdad de sus personajes y del paisaje que los rodea, Fernando Zuber y Carlos Casas tejen una trama mínima  sin otra premisa que dejar que las historias fluyan sin dirección ni entrevistas pautadas. Un trabajo que se despoja de cualquier estructura narrativa convencional. 

A propósito de Buenos Aires, film colectivo y experimental que reúne a once jóvenes realizadores levantó polémica entre la crítica por su caótico e indefinido contenido. La propuesta que tiene como protagonista a la Ciudad de Buenos Aires y sus ámbitos más reconocibles mezcla textos de Macedonio Fernández y otros escritores en el medio de cada historia. Comienzos que no terminan o finales que se dilatan y quedan flotando en la soledad de una calle o un cementerio.

               

                      El árbol                                                                    Los suicidas

 

DE DUDOSA PROCEDENCIA

En las secciones paralelas y los focos sobre directores siempre se encuentra alguna obra maestra o un nombre para tener en cuenta.

En esta oportunidad, la sorpresa fue un film de Rumania que por fortuna posiblemente se estrene en los cines locales: La muerte del señor Lazarescu  de Cristi Puiu.  Por momentos documental, en otros la puesta en escena parece  teatral, el relato denuncia el crítico estado del sistema de salud, al describir pormenores de la odisea que debe superar un viejo que es trasladado en ambulancia en busca de un hospital donde poder internarse y ser atendido. La cámara acompaña en el vértigo del viaje y en la contemplación de las situaciones como un testigo privilegiado que logra sonsacar de sus criaturas el gesto más humano y más despiadado también. Pocas elipsis, tan sólo el tiempo real que diluye los mecanismos del cine y realza el poder de su lenguaje.

Police Beat (Estados Unidos, Robinson Devor) es un film interesante desde el punto de vista que se aleja del género policial. Su protagonista es un policía afroamericano que en un monólogo interior -en el dialecto de su lengua natal- elucubra hipótesis sobre el futuro de una relación amorosa con mal pronóstico, al tiempo que debe atender disturbios domésticos, montado en su bicicleta, y tomar contacto con las realidades más oscuras de Seattle.

It Happened Here, de Kevin Brownlow y Andrew Mollo es un film de 1966 (en blanco y negro) que imagina la llegada de los nazis a territorio inglés durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de allí en un relato que sincroniza magistralmente material de archivo con recreaciones propias, sus realizadores se atreven a dejar plasmado en pantalla un manifiesto antibélico que toma como punto de partida la degradación del hombre a causa de la guerra. Este film absolutamente independiente tardó ocho años en realizarse y sus autores recibieron ayuda de otros directores como Stanley Kubrick o Tony Richardson. Una joya que no fue lo suficientemente promocionada en este festival.

Song of Songs,  producción del Reino Unido  del realizador Josh Appignanesi es un relato alegórico que enfrenta, según palabras de su director, el texto bíblico Eclesiastés con el Cantar de los Cantares. Una madre judía moribunda exige en su lecho de muerte a la hija, el retorno de un hijo díscolo que se alejó de la familia al no querer contagiarse de la ortodoxia religiosa como su sumisa hermana. El muchacho una suerte de profeta la introduce en un juego perverso de dominación que bordea el incesto mientras su madre confiesa sus pecados a los rabinos. Film difícil pero que logra salir airoso pese a su pretenciosidad.    

 

Premios 2006

PREMIOS OFICIALES

Competencia Oficial Internacional

- Mejor Película: En el hoyo de Juan Carlos Rulfo (México)

- Premio Especial del Jurado: Sehnsucht – Longing de Valeska Grisebach (Alemania) .

Competencia Oficial Argentina

- Premio a la Mejor Película: Glue – Historia adolescente en el medio de la nada -, de Alexis Dos Santos (Argentina/Reino Unido)

- Premio Especial del Jurado: Soledad al fin del mundo, de Fernando Zuber y Carlos Casas (Argentina/Italia)

El jurado otorga tres menciones:

A la actuación y música de Gabriela Moyano en El Amarillo

A Juan Villegas por la adaptación, guión y dirección de Los Suicidas

A el valioso trabajo de edición de Alejo Moguillansky, y al talento de los jóvenes 11 directores de A propósito de Buenos Aires.

Selección Oficial Derechos Humanos

- Premio a la mejor película: Pavee Lackeen: a traveller girl de Perry Ogden (Irlanda)

 

OTROS PREMIOS

Jurado Fipresci

- Premio a la Mejor Película de la Selección Oficial Internacional: Los próximos pasados de Lorena Muñoz  (Argentina)


Jurado Signis

- Premio a la Mejor película: La sagrada familia de Sebastián Campos (Chile)


Jurado ADF

- Mejor fotografía a: Yao  Hung-I por Reflections (Taiwán)

Jurado FEISAL

- Premio mejor película (ex aequo): Glue – Historia adolescente en el medio de la nada, de Alexis Dos Santos (Argentina/Reino Unido)
- Premio mejor película (ex aequo): Soledad al fin del mundo de Fernando Zuber y Carlos Casas (Argentina/Italia)

El jurado otorga cuatro menciones: 
Los próximos pasados de Lorena Muñoz (Argentina)
El rastrojero: utopías de la Argentina en potencia de Marcos Pastor y Miguel Colombo (Argentina)
La escuela de Eduardo Yedlin (Argentina)
Sangre de Amat Escalante (México/Francia