Amanecer y ocaso del fetichismo cultural

 

Cigarette Burns - Imágenes del Horror de John Carpenter

(John Carpenter's Cigarette Burns - EEUU / 2005 - 59min)

Dirección: John Carpenter

Intérpretes: Udo Kier, Norman Reedus, Zara Taylor y Gary Hetherington

 

Kirby Sweetman es dueño de una sala cinematográfica que exhibe obras de culto. Como le debe doscientos mil dólares a su impaciente y trastornado ex suegro, se ve obligado a desarrollar una segunda profesión: la búsqueda de copias raras para millonarios cinéfilos. Para empeorar las cosas, el acreedor lo culpa por el suicidio de su hija Annie como resultado de un período en que la pareja era adicta a la heroína. Un bizarro magnate de apellido Bellinger le encarga encontrar una película maldita francesa, Le Fin Absolue du Monde. Cuenta la leyenda que durante su única proyección en el Festival de Sitges todos los espectadores enloquecieron y comenzaron a matarse entre sí. Como el director, el staff técnico y los actores están muertos o desaparecidos, Kirby duda de aceptar el trabajo a pesar del suculento dinero ofrecido como recompensa. Pero para cuando Bellinger le muestre ese par de alas colgadas de la chimenea, espantoso souvenir del film, la curiosidad habrá ganado la pulseada y la decisión estará tomada. A esta altura no es difícil imaginar qué es lo que este obsesivo coleccionista tiene encadenado en la habitación contigua... 

El último trabajo de John Carpenter había sido la minimalista Fantasmas de Marte (Ghosts of Mars, 2001). Desde entonces no puede ponerse de acuerdo con Hollywood en esto de financiar y distribuir pero sin menoscabar la libertad creativa y la independencia en producción y edición. En síntesis, el viejo y querido John no encuentra su lugar en un cobarde sistema de estudios que va siempre a seguro apostando sólo a las remakes y dejando de lado toda propuesta original. La vía de escape vino de la mano de Mick Garris y su Masters of Horror, una serie televisiva especializada en el género que salió al aire entre 2005 y 2006. Utilizando un formato ameno de episodios de una hora, Garris aprovechó sus conexiones en el ambiente para unir voluntades y apuntalar dos interesantes temporadas de 13 unitarios cada una.  Entre los ilustres realizadores convocados encontramos a Carpenter, no en una sino en dos oportunidades. Por fin llega a la Argentina su primera colaboración, el episodio del 2005 intitulado Cigarette Burns (ya se había visto en el BAFICI del año pasado y ahora se edita en DVD bajo el horrible nombre Imágenes del Horror...).

El concepto por detrás del episodio en su conjunto, en especial el “tema” sobre el que versa Le Fin Absolue du Monde, es tan tétrico y cruel que dejará boquiabiertos a unos cuantos espectadores. Más allá del imaginativo guión de Scott Swan y Drew McWeeny, la ejecución por parte de Carpenter vuelve a ser deslumbrante. Una vez más demuestra su talento para una narración asfixiante y compacta que en términos prácticos funciona casi como una reformulación de la pesquisa lovecraftiana ya trabajada en la maravillosa En la Boca del Miedo (In the Mouth of Madness, 1995). El terror nunca definido del todo pero concretizado en repetidos actos de violencia específica asusta nuevamente y con gran solvencia debido a ese mismo carácter de indeterminación. Esta riqueza conceptual es el resultado visible de la perspectiva pesimista y batallante del legendario cineasta. Otra vez el antihéroe central emprende un viaje hacia lo desconocido en una estructura que remite tanto al western existencialista como a la ciencia ficción más gore. De hecho, el nivel de sadismo de Cigarette Burns resulta comparable al del clásico El enigma de otro mundo (The Thing, 1982).

Como era esperable en un film de Carpenter, hay numerosos e hilarantes dardos dirigidos a Hollywood y la crítica en general. Así nos encontramos con un periodista que está escribiendo desde hace décadas la reseña de una única película o un director europeo que lanza acusaciones de “falsedad” contra la industria. Los homenajes también están a la orden del día: hasta el amigote Darío Argento tiene su lugar a través de una referencia monumental a Rojo Profundo (Profondo Rosso, 1975). Las interpretaciones de Norman Reedus como Kirby y de Udo Kier como Bellinger son correctas y todo lo oscuras que deben ser. Por otra parte, llama la atención el excelente desempeño en diseño de producción, maquillaje y efectos especiales, muy a la “vieja escuela” (poco CGI y bien dosificado, por suerte...). Las “marcas de cigarrillo” del título son esos círculos que aparecen al final de cada rollo para indicar el momento de pasar al siguiente. Este detalle es utilizado como metáfora para describir las lagunas mentales que genera el aproximarse cada vez más a la ansiada presa (blackouts que por supuesto coinciden con furtivas carnicerías).  

Cigarette Burns es mucho más que el mejor capítulo de una intensa y recomendable saga de TV. Es el extraordinario regreso de un artista genial, poseedor de una inigualable capacidad para combinar relatos novedosos, pericia formal y discurso político. El cine de Carpenter es extremadamente pasional y directo, circunstancia que nunca significó una merma en lo que hace a su trasfondo ideológico (inconformismo, perseverancia y valentía mediante). Ejemplos de ello son dos escenas brutales: la de los simpáticos muchachos que se dedican al snuff y la proyección final en la mansión de Le Fin Absolue du Monde. El norteamericano construye una película magnífica acerca del fetichismo cinematográfico e ironiza en el trayecto a partir de la recurrente sobrevaloración de los efectos psico-sociales de los distintos productos culturales. Tanto una celebración como una parodia del amor desproporcionado a la pantalla grande, Cigarette Burns le pega al equipo creativo y a los receptores por igual. Esta bienvenida democracia punitiva entrega un retrato incendiario sobre el estado actual del medio. Sólo resta sentarse y esperar que comience la función...

Emiliano Fernández