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Esperando al sea-monkey
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La joven vida de Juno (Juno – EEUU / Canadá / Hungría - 2007 – 96 min) Dirección: Jason Reitman Intérpretes: Ellen Page, Michael Cera, Jennifer Garner, Jason Bateman, Allison Janney, J. K. Simmons y Olivia Thirlby Fecha de estreno: 14-02-2008
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Sobre el horizonte de la comedia cinematográfica se avizora un frente negro, tormentoso, debido a la escasa sino nula destreza de los autores y directores actuales para manejarse en el más difícil de los géneros. Por eso, en tiempos tan críticos como el que vivimos, una película como La joven vida de Juno se erige en un auténtico milagro. Y como tal debe celebrarse. Resulta demasiado cómodo adosarle la etiqueta de “cine independiente” o rebautizar como la “nueva” Pequeña Miss Sunshine a este valioso film de Jason Reitman. A mi modo de entender, y sin pretender quedarme con la palabra final al respecto, las categorías de producción (clase A, clase B, en todas sus variantes) deberían utilizarse para pautar objetivos comerciales y nada más. La joven vida de Juno no es buena por ser independiente ni por la cantidad de dinero que recaudó en la taquilla estadounidense (más de cien millones para un presupuesto inferior a los ocho millones de dólares). Su valor intrínseco va más allá de las modas o de los intereses de turno para focalizarse en la calidad de un relato donde confluyen un guión superlativo –la base de cualquier proyecto sólido- y una sensible visión directorial. Ese es el verdadero éxito del que deberían presumir sus creadores con absoluta justicia. Ya se sabe que una vez al año la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood se reserva un par de nominaciones para historias minimalistas y de bajo perfil (eso sí: nunca premian fracasos). Sin ir muy lejos, hace un año Pequeña Miss Sunshine ganó dos Oscar: mejor actor de reparto (Alan Arkin) y mejor guión original (Michael Arndt). En este 2008 La joven vida de Juno está ternada en cuatro categorías: película, director, actriz principal (Ellen Page) y guión (Diablo Cody), de las cuales sólo esta última pareciera tener chances reales de ganarla. Reitman, de 30 años de edad, acaba de iniciar una carrera más que prometedora (su ópera prima fue Gracias por fumar, con Aaron Eckhart), pero sería un tanto anómalo si se lo dan. El premio mayor suena aún más improbable dado que compite con tres pesos pesados como Petróleo sangriento, Sin lugar para los débiles (los hermanos Coen se perfilan como los grandes vencedores de la ceremonia) y Expiación, deseo y pecado. La canadiense Ellen Page realiza una actuación fenomenal interpretando a Juno, pero la Academia promulga el postulado de que para recibir un Oscar hay que acumular méritos a lo largo de varias décadas (aplicable a todo el mundo con la excepción de Peter O’Toole, que sigue participando). Motivo por el cual la bellísima veterana Julie Christie cumple con todos los requisitos para llevarse una estatuilla a casa (ya ganó una en 1966 por su protagónico en Darling, de John Schlesinger). Ahora, con el guión las posibilidades están más abiertas porque los escritores suelen ser ecuánimes en sus votos. El guión de la insólita Diablo Cody (sus datos biográficos son tan extremistas que podrían volcarse en una novela: fue oficinista, stripper, operadora en una hot-line, creadora de un blog llamado... ¡Pussy Ranch! y ahora escritora para Hollywood) ya recibió incontables galardones siendo el más reciente el de la Academia Británica (BAFTA). Llama mucho la atención que haya tres mujeres compitiendo por el Oscar en esta terna (las restantes son Nancy Oliver por Lars and the real girl y Tamara Jenkins por The savages). Obviamente, Diablo Cody es aquí la gran favorita. Lástima que la impericia del traductor de La joven vida de Juno le impida apreciar a la mayoría del público el disfrute de unos diálogos esplendorosos trabajados con cuidado (y amor) de orfebre e interpretados por un elenco impagable. No es en la temática donde se destaca Cody (una chica de dieciséis años queda embarazada en su debut sexual y resuelve continuar con el embarazo para luego entregar la criatura en adopción), sino en la elaborada fraseología de sus personajes, en la lúcida observación que hace sobre sus queribles adolescentes y en el extraordinario arco de transformación que define a la sarcástica pero también hiper-vulnerable Juno. No son diálogos realistas ni fáciles y no pueden ser dichos de cualquier forma. El lenguaje sofisticado de Cody no es respetado en el subtitulado que se limita a reflejar el ADN del texto perdiendo la forma artística por completo. Que aún así el contenido logre el efecto buscado en la platea sólo puede significar una cosa: la autora ofrece mucho más que un mero chisporroteo verbal. Juno se presenta como una teenager inteligente con todas las ínfulas. Pipa en mano el personaje da una sensación de superación ante el resto de los personajes que sólo puede culminar en catástrofe. No obstante, a medida que avanzan la estaciones del año el crecimiento interno de Juno (en los dos sentidos: panza y mente) la modifica lentamente como persona. La Juno irónica e implacable del comienzo debe madurar a la fuerza y es esa maravillosa mutación el centro de una película que apunta continuamente al intelecto y al corazón de cada espectador. He aquí el milagro del que hablaba en el primer párrafo: acierta en todos y cada uno de sus intentos. De Ellen Page ya se había escrito y hablado mucho con motivo de su actuación en Hard candy. Sin embargo, no creo hacer futurismo si vaticino que será recordada eternamente por su papel de Juno. Una actriz de semejante capacidad es un regalo para los sentidos. A su lado deslumbran Jennifer “Alias” Garner y Jason “Muchacho lobo 2” Bateman como una pareja de yuppies decididos –o no tanto- a adoptar al “sea-monkey” de Juno; Allison Janney y J. K. Simmons como sus comprensivos padres; la enérgica Olivia Thirlby como su mejor amiga y muy especialmente Michael “Supercool” Cera como su amigovio Paulie. Las canciones folk de Kimya Dawson and The Moldy Peaches se ajustan a la perfección al tono del relato. El tema de la escena final interpretado en un dueto por Page y Cera alcanza un status poético insuperable. Un cierre emocionante hasta las lágrimas para un film tan honesto como sus protagonistas que por suerte nunca se olvida del humor. De visión obligatoria. Diego Martínez Pisacco El staff opinó
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