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+coches+culos |
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+rápido +furioso (2fast 2furious - EEUU / 2003 - 105min) Dirección: John Singleton Intérpretes: Paul Walker, Tyrese Gibson, Chris Bridges, Cole Hauser y Eva Mendes
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Seamos francos: decir que +rápido+furioso es una buena película sería una burrada. No obstante, levantar toda una guardia académica para enfrentarla sería como ponerse a discutir con un nene de 3 años por una golosina. Esta secuela de aquel blockbuster del 2001 cumple con lo que promete: es simplemente una película de acción con la idea básica y absoluta de mostrar una cantidad de culos directamente proporcional a otra de coches preparados para picadas ilegales. Ahora, más que de guión para darle cuerpo al asunto habría que hablar de un par de excusas argumentales. Pero eso no importa. Lo que sí importa -y mucho- es destacar que +rápido +furioso juega sus fichas con corrección suficiente como para saciar la sed de aquel fierrero y/o baboso sentado junto a sus pochoclos. Ni más ni menos. Pero si hay algo seguro, y en contrapartida de lo anterior, es que el film de John Singleton carece de envergadura suficiente como para saciar las expectativas de aquel individuo dispuesto a ver una película. Es entonces donde comienzan los “problemas”, sus derivadas ofensas, la indignación, etc. Cine de explotación que le dicen... y sí... +rápido+furioso es una experiencia netamente utilitaria y orgullosa de serlo. A nivel argumental hay que apuntar que la historia sigue las andanzas de aquel policía encubierto interpretado por Paul Walker en la primera entrega. Sólo que ahora ya no es más policía, y además le falta su compañero de pedales, el pelado Vin Diesel; cosa que en esta segunda ocasión se nota y mucho. De todos modos, a falta del pelado caucásico se buscó otra alternativa calva con tonalidad afro en una obvia intención de añadir a la secuela el toque humorístico de la buddy movie interracial, algo que quizás faltaba en la primera (lo del humor digo…). En sus nuevas aventuras, el ahora ahora ex-milico deberá junto a su compa (un ex-presidiario) infiltrarse en la banda criminal de un peligroso traficante con raíces argentinas (único detalle creíble o verosímil de la disparatada anécdota). Lo demás son elementos circunstanciales a través de los cuales Singleton y cía se las arreglan para montar picadas con mucha computadora y mostrar chicas generosas de ropa (y más rápidas que los coches en plena carrera). Ojo, chicos también hay, pero la cosa pinta medio misógina. Y no lo digo yo, lo dice Singleton. Juan Blanco
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