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El hombre manos de navaja
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Sweeney Todd: El barbero demoníaco de la calle Fleet (Sweeney Todd: The demon barber of fleet street - EEUU / Inglaterra - 2007 - 115min) Dirección: Tim Burton Intérpretes: Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Alan Rickman, Timothy Spall y Sacha Baron Cohen Fecha de estreno: 14-02-2008
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No se sabe si el hombre existió o si tan sólo fue una invención destinada a alimentar el morbo del público londinense, o si se combinaron ambas cosas. Lo cierto es que la historia del barbero que cortaba las gargantas de sus clientes para saciar su irrefrenable sed de venganza pasó de los folletines baratos al teatro, después se transformó en un multipremiado musical de Broadway y finalmente llegó al cine, bajo la dirección de Tim Burton y protagonizada por su fiel e imprescindible compañero de aventuras, Johnny Depp. Benjamin Barker, de profesión barbero, tiene una hermosa familia y es un hombre feliz, hasta el día en que el poderoso juez Turpin lo acusa falsamente y lo envía a una carcel lejana porque desea a su mujer. Años después, es otro el hombre que regresa a Londres. Se llama Sweeney Todd, y es un individuo completamente vacío de cualquier sentimiento que no sea odio y revancha. Lo único que tiene en común con aquel joven traicionado es un recuerdo, casi el sueño de una dicha pasada, que ahora le duele tanto que ni siquiera evoca en primera persona. Y además, claro está, la profesión de barbero. Al llegar a esa ciudad maldita se reencuentra con sus navajas y con los despojos del pasado, y su rencor se multiplica hasta volverse contra todo y todos. Es entonces cuando emprende una matanza sin restricciones, ayudado de un modo bastante particular por Mrs. Lovett, la pastelera, una mujer que lo ama incondicionalmente. Tim Burton ya había experimentado el musical en El cadáver de la novia, su anterior filme de animación, y también en cierta medida en Charlie y la fábrica de chocolate, donde los peculiares “oompa-loompa” repasaban la suerte corrida por cada uno de los niños a través de coloridas canciones coreografiadas. Pero esta vez apuesta de lleno al género, desde la primera escena y a lo largo de toda la película. Los personajes cantan cuando penan, cantan cuando aman, y hasta en algún momento cantan y se regodean en la muerte, con un toque del más negro humor. El guionista John Logan (Gladiador y El aviador, entre otros) y el compositor Stephen Sondheim (creador junto a Hugh Wheeler del musical de Broadway y responsable de la banda sonora del filme) logran naturalizar la música dentro del universo del filme, transformándola en un elemento omnipresente y en el principal vehículo de la acción. Las canciones están cargadas de sentido, y los actores las interpretan con un vigor y unos matices admirables, al punto tal que en más de una ocasión un mismo tema tiene para dos personajes significados diferentes y hasta contrarios. La música es el correlato perfecto de las pasiones en danza y como tal, mueve los hilos de la historia; los personajes y los instrumentos que utilizan –desde una navaja hasta un palo de amasar, y la sangre, claro- se mueven física y emocionalmente a su compás. También había incursionado el director en el terror en más de una ocasión, particularmente en La leyenda del jinete sin cabeza, en la cual la saña también se concentraba en los cuellos de las víctimas. Ya habían sabido sus filmes de muerte, sangre y hasta de espectros vivientes, pero esta vez elige una historia en la cual el terror se asocia con la tragedia, y en la que los sentimientos nobles, la ternura y el amor verdadero ocupan lugares mínimos y son sistemáticamente desplazados por el motor principal del relato: el odio y la muerte. Sweeney Todd es la primera criatura realmente despiadada, cruel, desesperanzada y condenada en el cine del realizador. Es verdad que muchos de los personajes burtonianos están condicionados por un suceso pasado, pero aún en los casos más traumáticos, logran lidiar con ello y asumirlo de manera superadora. Esto no se cumple para el barbero de la calle Fleet, en cuyo caso la vileza del acto inicial lo contagia, lo corrompe y lo destina irremediablemente a la desgracia total sin posibilidad de expiación. En otras palabras, Sweeney Todd –el personaje y la película- es el revés de la moneda de los trabajos anteriores de Burton, y el director así lo expresa a través de citas a sus propias películas, que revierten en cada caso el sentido del original. Así, la caracterización de Johnny Depp puede recordar vagamente al joven Manos de Tijera y la primera afeitada que Todd realiza en público se parece mucho al primer corte de pelo de Eduardo, pero cuando el barbero se reencuentra con sus navajas y se siente realmente íntegro con ellas como extensión de sus manos, se transforma en la contracara de aquel joven cuyas manos de tijeras determinaban su condición de ser humano incompleto. En el mismo sentido, el ventanal de la barbería remite al techo hueco del cuarto de Charlie, pero mientras al niño las aberturas lo acercaban al cielo y a los sueños, a Todd los cristales lo alejan, lo deshumanizan y lo convierten en una fiera acechando a sus víctimas. Y Johanna, la hija adolescente de Sweeney que ha quedado bajo la tutela del verdugo de su padre, evoca físicamente a la Katrina de Sleepy Hollow, pero cuando le canta sus penas de cautiva a un pájaro enjaulado se transforma en el reverso de la joven hechicera que amaba los cardenales en libertad. Tim Burton vuelve sobre sí mismo, manteniéndose fiel a su cine y a su estética, para inventar algo nuevo, reciclar sus materiales. Una vez más pone al frente del elenco a Johnny Depp y Helena Bonham Carter, que no sólo actúan sino que además cantan, y lo hacen maravillosamente bien. Reincide con parte de su equipo -la vestuarista Colleen Attwood, el montajista Chris Lebenzon-, pero innova en otros campos como la música y el diseño de producción, en esta ocasión a cargo de Dante Ferretti, famoso por sus trabajos para Federico Fellini. Repite recursos, como el uso del color para traducir el punto de vista del protagonista, utilizado en idéntico sentido en Sleepy Hollow, y a la vez incorpora una gran novedad, como lo es la ausencia total de la fantasía, del mundo imaginario: paradójicamente una leyenda urbana, un individuo casi fantasmal, se erige en el personaje más carnal, más desgarrado y desgarrador que Burton ha dado a luz y que Johnny Depp ha compuesto para él. El resultado es un filme en el cual nada está librado al azar, todo funciona con precisión milimétrica y cada elemento contribuye a realzar el todo. Una experiencia cautivante para los sentidos, que permanece en la mente, la retina y el oído mucho después de los títulos finales. Una película de Burton potenciada, tan distinta y tan suya al mismo tiempo. Silvina Palmiero El staff opinó
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