|

El fin de los tiempos
(The happening – EEUU
/ India – 2008 – 90min)
Dirección: M. Night
Shyamalan
Intérpretes: Mark
Wahlberg, Zooey Deschanel, John Leguizamo, Spencer Breslin y Betty
Buckley
Fecha de estreno:
19-06-2008

|
|
A simple
vista parece que El fin de los tiempos (The
Happening, 2008) es la película que todos los detractores de M.
Night Shyamalan estaban esperando con malsana expectativa. Sólo basta
chequear los dardos despiadados que recibió. Como el desprecio gratuito
es la principal herramienta de gran parte del público y la crítica a la
hora de juzgar, no se debe caer en la tentación de convalidar tal
opinión (además el gusto masivo nunca fue garantía de nada). Pero existe
algo de verdad detrás de las condenas desproporcionadas: es sin lugar a
dudas su obra más floja y menos elaborada desde Señales (Signs,
2002). El cineasta quedó muy en evidencia porque finalmente hizo lo que
tantos le reclamaban: dejó de lado las obsesiones temáticas, el tono
lúgubre y varias de sus marcas registradas. Aún así, la propuesta es
entretenida y mantiene la coherencia, logrando atrapar a fin de cuentas
con un desarrollo artesanal y en extremo minimalista.
El
apocalipsis siempre es trivial, venga de donde venga. En este caso está
determinado por una toxina producida por las plantas y esparcida por el
viento. Los afectados sucumben ante una curiosa serie de síntomas:
parálisis automática, desorientación psicomotora y necesidad imperiosa
de quitarse la vida. El fenómeno comienza en Nueva York y se expande con
rapidez por toda la costa este de Estados Unidos, obligando a las
poblaciones metropolitanas a abandonar sus hogares para dirigirse hacia
zonas rurales. Nuestros héroes son Elliot Moore (Mark Wahlberg), un
profesor de ciencias, su esposa Alma (Zooey Deschanel), su amigo y
colega Julian (John Leguizamo), y la hija de este último Jess (Ashlyn
Sanchez). Junto a otros desesperados, lucharán para sobrevivir a la
debacle. El fin de los tiempos es una
road
movie
muy pequeña y humilde que retoma distintos elementos del horror
paranoico de los ´50 y el cine catástrofe de los ´70.
Así como
la reciente La Niebla (The Mist, 2007) funcionaba en tanto
una maximización detallada de la escena de la estación de servicio de
Los Pájaros (The
Birds, 1963), el presente film pretende pasar por una
suposición de lo que ocurriría a posteriori del final abierto del
clásico de Hitchcock, cuando los protagonistas deben huir vaya uno a
saber a dónde. Shyamalan sigue bien explícito en cuanto a las citas y
por eso le ha vuelto a encargar a James Newton Howard una partitura
similar a las de Bernard Herrmann, el compositor fetiche del maestro
inglés. Precisamente la construcción del suspenso es el rasgo más
peculiar de la realización. Para apuntalar el espanto y la ansiedad ya
no tenemos fantasmas, extraterrestres o seres místicos; ahora nos
debemos contentar con una infinidad de tomas de arboles, pastizales y
furiosas ráfagas de viento. El reino de la fotosíntesis se cobra
venganza contra los hombres y los impulsa a autoflagelarse.
Este es
el mayor logro del proyecto: convencernos con pocos recursos de una
premisa un tanto bizarra que sin mucho análisis califica como “clásica”
dentro de los productos clase B. El fin de los tiempos combina el
“tópico vegetal” de La invasión de los usurpadores de cuerpos (Invasion
of the Body Snatchers, 1956) y La tiendita del horror (The
Little Shop of Horrors, 1960) con el espíritu abstracto y humanista
de La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, 1959-
1964). La profesionalidad y la carencia de aportes originales son
factores ineludibles en el Hollywood contemporáneo. El hindú se suma a
otros realizadores actuales que han evocado con ironía el espectro del
“terrorismo”, por lo que hace que sus personajes se pregunten
continuamente sobre el origen de este imprevisto “ataque masivo”
(terminología que debemos agradecer a la simpática administración
norteamericana y su imperio bélico/comunicacional).
En el
balance encontramos componentes ya utilizados en el pasado (un relato
simple, diálogos verosímiles, pocos CGI, excelente fotografía, música
rimbombante, etc.), algunos “novedosos” (un ritmo narrativo veloz,
varios apuntes hilarantes, menor duración general), y hasta un par de
desapariciones que dejarán lagrimeando a más de un fan (no están ni la
todopoderosa “fe” ni la cansadora vuelta de tuerca final). Shyamalan es
un formalista que no suele apartarse de un formato exitoso; aunque en
esta oportunidad se arriesgó relativamente con una película filmada en
secuencia y casi por completo en exteriores. Lástima que Sexto
Sentido (The Sixth Sense, 1999) y El Protegido (Unbreakable,
2000) continúan siendo los mojones insuperables. El trabajo actoral es
bastante limitado, faltan escenas que acrecienten la tensión y uno
termina concluyendo que la improvisación jugó un papel fundamental
durante la construcción.
Emiliano
Fernández
El
staff opinó
|
-A pesar de un comienzo prometedor y de una manifiesta intención
de vuelta a los orígenes de su cine, el director de Sexto
Sentido no logra con El fin de los tiempos
sobreponerse a la ridiculez de su propio relato y sin duda se
muestra en franco declive...-
Pablo E. Arahuete (3
puntos)
-Por amor a Alá, qué bosta! La
Dama en el Agua es mejor, todo dicho...- Juan Blanco
(2 puntos)
-La
decadencia artística de Shyamalan nunca estuvo más en evidencia
que en este patético thriller carente de tensión e inteligencia
en el cual naufragan actores de la sapiencia de Mark Wahlberg o
Zooey Deschanel. Esta vez al director de El protegido no
lo entendieron ni sus propios colaboradores... La peor película
de su carrera, sin dudas...-
Diego Martínez Pisacco
(1 punto)
-El
mundo, según Shyamalan, puede ser un lugar amenazante o no, de
acuerdo al respeto que el hombre tenga por la fuerza
sobrenatural que lo gobierna. Esa fuerza puede ser la dimensión
espiritual como en Sexto sentido, puede ser Dios como en
Señales, o bien el universo fantástico como en El
protegido y La dama en el agua. Inútil es intentar
huir de las amenazas del entorno, como lo descubrieron los
habitantes de La aldea: para lidiar con el mundo el
hombre tiene que reconocerse limitado frente al poder, y a veces
la aleatoriedad, de esa voluntad superior y rectora.
En
El fin
de los tiempos
las plantas comienzan a liberar una toxina que inhibe el
mecanismo de autopreservación de los seres humanos,
produciéndoles parálisis y desorientación y conduciéndolos
irrefrenablemente al suicidio. El ataque, en principio atribuido
a un grupo terrorista -el director viene disparando hace rato
contra la paranoia norteamericana, señalando que el enemigo está
dentro del hombre y no fronteras afuera-, comienza en Nueva York
y avanza por distintas ciudades del este del país, desplazándose
desde los centros más poblados hacia los suburbios. Elliot (Mark
Wahlberg) es profesor de ciencias, y ante la evidencia del
extraño suceso emprende, junto a su esposa Alma (Zooey Deschanel)
y la hija de su amigo Julian (John Leguizamo), una huida hacia
algún lugar seguro, mientras intenta hallar en la lógica de la
investigación científica una explicación racional a lo que
acontece. Huida y esfuerzo se revelarán inútiles, porque el
fenómeno rompe con todos los patrones que se intentan
establecer, como si se negara a ser encasillado en categorías
humanas. Muy lejos del amparo de la ciencia y del cálculo
probabilístico, la salvación radica tal vez en cierto halo
amoroso de los protagonistas (otra vez aparece en la filmografía
del director la noción de aura, aquí captada por un anillo que
cambia de color según el estado de ánimo de su portador), o tal
vez en la rendición incondicional frente a la potestad de la
naturaleza.
Hay que decir que Shyamalan, sin abandonar su
discurso, se fue volviendo más previsible y redundante. A la
sutileza y la precisión de
Sexto
sentido,
a la originalidad inusual de
El
protegido,
siguieron películas con explicaciones sobreabundantes, demasiado
retóricas, como si el director hubiera dejado de creer en los
colores, las imágenes y los silencios, todos ellos recursos muy
bien aplicados en sus primeros trabajos. Esto llegó al extremo
en
La dama
en el agua,
en la cual sintió la necesidad de anticipar todo el cuento al
principio del film.
En
El fin
de los tiempos,
si bien las explicaciones finales y la teoría de la advertencia
eran prescindibles, por cuanto la última escena bastaba para
dejarnos a todos mirando con desconfianza las plantitas del
balcón, hay un retorno a la confianza en la herramienta
cinematográfica. La omnipresencia de los árboles, agigantados
por hábiles ángulos de cámara, como bestias con vida propia; el
viento avanzando por la campiña; la idea paradójica y
perturbadora de huir hacia zonas despobladas, lo cual hace que
los protagonistas se internen en el campo y queden virtualmente
atrapados en medio de sus verdugos; todos estos son elementos
generadores de gran tensión. Los actores, por su parte, no
brillan como han sabido hacerlo sus antecesores: Mark Wahlberg
no tiene la presencia de Bruce Willis, ni el carisma de Mel
Gibson, ni el talento de Paul Giamatti, mientras que Zooey
Deschanel no se acerca siquiera a Bryce Dallas Howard. Tal vez
esto tenga que ver con que en esta historia ya no hay elegidos,
sólo un hombre y una mujer comunes, indefensos ante lo
inexplicable. No obstante, a los protagonistas les falta fuerza
y su historia de amor de final edulcorado no llega a convencer.
Si el mensaje que intenta transmitir Shyamalan es moralista o
no, si se comulga o no con sus ideas sobre la naturaleza humana,
con la espiritualidad y la religiosidad que se hacen presentes
de un modo u otro en sus films, son aspectos que exceden el
marco de la película. Lo sustancial es que el director sigue
generando ideas originales sobre cómo poner su filosofía en
pantalla y mantiene intacta su habilidad para crear climas,
combinar géneros y conectarnos con lo monstruoso, lo bello y lo
sobrenatural de la vida cotidiana.
El hombre continúa en forma y buscando caminos.-
Silvina Palmiero
(7 puntos)
|
|